Cuando cumplió 4 años le pidió a su papá Hugo que lo lleve a jugar al fútbol a Comercial, pero en esa media cuadra que separaba al club de su casa cambió de decisión. Antes de llegar y ponerse los botines para probar en cancha de 11, pasó por el gimnasio de básquetbol Osvaldo Giorgetti, picó la primera pelota antes de tirarla al aro y se enamoró de un deporte que no largó nunca más.
Amilcar Andreanelli, que el 3 de mayo sopló las 37 velitas, perdió el pelo, pero nunca las ganas de exprimir la “naranja” entre sus manos. Jamás se tomó un descanso, y ya son 33 temporadas haciendo lo que más le gusta.
“Es un orgullo decir que el básquet es un estilo de vida que yo elegí. Una vez anuncié que me retiraba, pero la cabeza nunca dejó de jugar; me di cuenta que me había equivocado y volví, arrepentido de la decisión que había tomado, pero volví…”, sostiene el capitán de Barrio Hospital, reciente campeón del torneo de Segunda división César «Tito» Loustau que organiza la Asociación Bahiense de Básquetbol.

Amilcar ya conocía las mieles del ascenso, lo había conseguido con su querido Comercial en 2010 y en 2013, aunque el que acaba de lograr el martes tiene un “gustito” distinto y especial.
Sus ojos se cubrieron con algunas lágrimas y forzó el corazón para que sus palabras no sean retenidas por la emoción: “En los dos primeros di la vuelta olímpica solo, pero en este caminé hacia la gloria con mis hijos (Fausto, de 9 años; y Roma, de 5) mientras mis padres, mis suegros, mi hermana (Cintia) y mi cuñado aplaudían y se abrazaban a mi alrededor”, certificó este whitense curtido por la experiencia.
“Siempre soñé con vivir algo parecido junto a mi familia, lo único que lamento es que Celeste (Talip, su esposa) no haya estado por un viaje que ya tenía programado. Esto fue la frutilla del postre, no sé si más adelante voy a tener otra oportunidad de meterme en un mundo mágico como el que acabo de transitar”, resaltó el “Profe” de Educación Física desde 2011.
“Grupalmente arrancamos el torneo con el mote de candidatos, aunque sabíamos que en los últimos dos años el candidato no había ascendido. No sentimos ninguna presión, jamás miramos para otro lado o aflojamos la intensidad de los entrenamientos y recién a lo último nos dimos cuenta que habíamos arrasado en ambas competencias y también en los playoffs de la segunda parte (2-1 a Altense, 2-0 a Comercial y 3-0 a Sportivo Bahiense en la final)”, enumeró quien llegó a 822 encuentros en la máxima categoría del básquetbol local.
“Claudio (Queti, el entrenador) formó primero el grupo y después armó el equipo, consiguió química y no permitió que nos relajemos. Cuando arrancó el segundo certamen perdimos dos partidos, estábamos cansados, porque cuatro días después de jugar las finales del primer tramo arrancamos otra vez. Ese es un tema a rever por la ABB, porque sin darnos una pausa nos castigaron a nosotros y a Independiente, los que veníamos de sostener una definición intensa y disputada”, acotó a modo de reproche.
A diferencia de la edición anterior (Barrio lleva tres temporadas participando en la ABB), en este 2025 jugó de local siempre en el mismo complejo: La Curtiembre.
“Hasta que la cancha estuvo lista practicamos una semana en el parque de Mayo. Cuando empezamos a entrenar en ese nuevo espacio, sabíamos que iba a ser una ventaja grande amoldarnos porque ninguno de los jugadores de los otros equipos conocían o habían jugado en ese rectángulo. Se les iba a ser difícil por los puntos de referencia y por las líneas que estaban marcadas, que eran muchísimas y pertenecían a otras canchas que también usaban el mismo parqué”, contó.
—¿Cómo?
—Había líneas pintadas de lado a lado y de todos los colores, así que ese fue un tema al que le tuvimos que prestar mucha atención para no confundirnos. Es más, en un partido ante Sportivo, un jugador de ellos se fue picando la pelota hasta un metro afuera. No se dio cuenta y no podía entender que había perdido la posesión. En el trazado de las líneas también sacamos alguna ventajita…(risas).
“Con la gente del complejo hay que sacarse el sombrero, las canchas siempre limpias y a disposición. Se ubican en una zona donde vuela mucha tierra, pero Aníbal, el canchero, al que hay que hacerle un monumento, siempre estuvo al pie del cañón para que se respeten los horarios y podamos entrenar o jugar. En cuanto a la organización, impecable.
—¿Cuántos sinónimos necesitás para definir al DT?
—Es difícil definirlo como entrenador si no sabés como es como persona. Es un ser humano magnífico, siempre apostó por mi y me llenó la cabeza de confianza. El día después de ascender con Estrella a Primera me llamó para que vaya; así es él, apasionado, enérgico, extremadamente comprometido.
“Tiene una mentalidad ultra ganadora y está mucho más allá de este nivel. Es un fuera de serie y un adelantado en el manejo de las distintas cuestiones tácticas y deportivas.
Genera en el grupo un 110% de energía, habla, trabaja y explica siempre con un alto contenido motivacional y eso es lo que le termina llegando al jugador”.
Enseguida se refirió a la representatividad del SUPA, a una dirigencia que estuvo en el día a día con la única misión de que al plantel no le falte nada.
“Con pequeños o grandes aportes los dirigentes siempre estuvieron, nunca nos dejaron de cumplir y eso al jugador lo deja tranquilo. Escuché más de una vez que el SUPA es una familia, y también lo fue en Barrio Hospital, porque en todo momento nos acompañaron, nos siguieron y nos alentaron.
Es un orgullo representar, de alguna manera, a un grupo respaldado por un Sindicato que es un ejemplo en organización y compromiso deportivo”, indicó quien se incorporó al proyecto de BH en 2023.
“Cuando llegué, la primera cena la hicieron todos juntos, jugadores y familia, y eso no pasa en todos los clubes. Que involucren a tus seres queridos, a los más directos, fomenta la unión y genera un núcleo de donde parten las metas y los caminos a seguir”.
Amilcar pasó por todas la categorías de Comercial, debutó en Primera el 7 de mayo de 2003 (frente a El Nacional, derrota en la Quinta por 20 puntos), en 2006 se ligó a Estudiantes, volvió al verdiamarillo del puerto, permaneció hasta 2015 (el del Centenario comercialino) y en 2016, 2017 y 2018 vistió los colores de Estrella. En 2019 regresó a su primer amor y a principio de 2023 anunció su retiro oficial, aunque en agosto de ese año lo convencieron desde Barrio Hospital y con algún que otro llamadito del SUPA y ahí comenzó otra historia…
Con algunos “retoques” daría la “talla”
“Ahora estamos en Primera y hay que pensar distinto. Este equipo, con algún retoque, podría estar peleando el año que viene. No los puestos de arriba por una cuestión de talla, pero en mitad de tabla o un poco más alto puede llegar a estar”, respondió y argumentó: “En nuestra etapa de preparación enfrentamos amistosamente a Liniers, a Estrella, a Alem y a Pacífico y no desentonamos ni nos sentimos superados en el juego. Y eso que fueron los primeros partidos antes de formarnos como equipo”.
—El técnico sigue, ¿y vos?
—Eso dependerá si Claudio me elige para ser parte del próximo plantel y yo llego a un acuerdo con la dirigencia, que es lo que menos me preocupa porque sé que, llegado el caso, va a estar todo bien. Me encantaría continuar, me siento cómodo y me hacen sentir importante. Todo depende del plantel que se intente confeccionar y cuáles serán los planes del entrenador y de los directivos.
—Ya te retiraste una vez y salió mal, ¿te pusiste a pensar hasta cuando querés seguir jugando?
—No, pero lo que sí sé es que cuando decida retirarme, que será con un segundo aviso, va a ser para siempre. No hablo más porque ya me equivoqué una vez y eso lo pagué caro, por eso no quiero pasar por lo mismo. El día que diga basta, será basta.

—Me gustaría, aunque no lo sé. Hay muchas cuestiones en juego. No sé si va a ser un año entero, un playoffs o un partido de despedida, pero sería un broche de oro despedirme de este hermoso deporte con la camiseta de mi club. Cuando me retire, va a ser por una cuestión familiar, ellos tienen que estar tan de acuerdo como yo.
“Por eso te digo que no depende solo de mi. Hoy, como tengo conformado el día, con las actividades de mis hijos y las cargas horarias que manejamos con mi señora, no podría ir a Comercial por una cuestión de logística. Significaría pasar mucho tiempo en White, y para eso debo sacrificar un montón de obligaciones y quehaceres familiares que no sé hasta donde puedo llegar a “negociar”. Es la realidad”.
—Papá Hugo, ¿te “come” la cabeza?
—Sí, me lo dice, es el sueño de él verme por última vez con la camiseta de Comercial, pero también entiende que el día a día mio y el de mi familia incluye varios viajes de un lado al otro y muchas actividades. Lo más sagrado para los que somos padres son los hijos, y los míos están en una edad donde yo no me quiero perder nada de lo que ellos hagan.
“Roma va a gimnasia y Fausto a básquet, y para mí, acompañarlos como hizo mi viejo conmigo, es impagable. Ese momento, si lo perdés, no lo recuperás más”.
—¿Con que te cargan tus compañeros?
—El “Colo” Martínez me jodía con que iba a arrugar contra Comercial en los playoffs, pero fui, jugué y, pese a que fue difícil ganarle y dejarlo afuera, me la banqué como un campeón. También me cargan con que soy celoso de mi hermana Cintia, pero ella está casada y bien, así que les vivo cerrando la boca.
“Con el tema de la edad lo tienen de punto al Flaco Banegas (cumplió 43), un ser totalmente que se presta para que lo gasten, ja, ja…Antes y después de los entrenamientos vale de todo, incluso hasta Claudio se prende para joder y molestar a alguien”.
—La camiseta de la final, ¿a quién se la regalaste?
—A mi hijo.
—¿Y el título a quien fue destinado?
—A mi familia, a la que formé y a la que me formó. Igual este campeonato lo llevo más al plano personal, y lo comparto directamente con mi señora y mis hijos, porque yo había dicho que no jugaba más y después ellos se acomodaron, con mucho esfuerzo y pensando en el otro, para que mi regreso a las canchas sea posible.
Los ojos se le volvieron a llenar de lágrimas, y esta vez no quiso contener el llanto. Amilcar, los hombres que supieron llegar a la idolatría sin proponérselo, también lloran…
“Para mi Comercial es todo, pero este ascenso con Barrio Hospital lo viví con mi familia, la que siempre está detrás de mi empujando. Si lo volví a intentar fue por ellos. En 2022, después de perder la semi con San Lorenzo, decidí que ya era tiempo de dejar, pero llegué a casa y mi señora me pido ‘Volvelo a intenar´. Así fue y acá terminé, con un proceso súper exitoso y que me hace terminar el año inmensamente feliz”.
Esta historia empezó en los primeros días de febrero y culminó a fines de noviembre. Diez meses de sacrificio. Y valió la pena: ¡felicitaciones campeón!








