La reapertura del hipermercado de la Cooperativa Obrera en Bahía Blanca, tras su remodelación integral, incluyó la habilitación de baños públicos amplios, modernos y de acceso general. Si bien es cierto que desde siempre —y particularmente en sucursales muy concurridas— la empresa mantiene ese servicio, en el flamante edificio de calle Aguado los sanitarios se exhiben casi con orgullo. En el ingreso puede verse incluso la clásica historieta ilustrada de los burritos que resuelven sus necesidades mediante la cooperación, como una metáfora didáctica del espíritu cooperativo.

El acceso a los baños, visible y abierto desde la entrada del Hiper, refuerza esa idea de servicio comunitario. Ese gesto concreto se convierte en disparador de un tema que en Monte Hermoso reaparece cada verano: ¿por qué no hay baños públicos en el frente costero? La discusión no es nueva ni reciente. Por el contrario, atraviesa distintas gestiones y generaciones de vecinos y sobre todo, de turistas y visitantes.
Resulta inevitable preguntarse qué ocurriría si en la sucursal que la entidad cooperativa posee a metros de la playa, sobre calle Patagonia, se dispusieran sanitarios accesibles similares a los que hoy luce el Hiper en la vecina ciudad.
Décadas atrás, Monte Hermoso contaba con baños de acceso para todos en un sector estratégico en la vieja rambla, sobre la costanera. Con el paso del tiempo, esas estructuras fueron retiradas y no se reinstalaron en la zona de playa. En la actualidad, el espacio que dispone de sanitarios públicos es la Plaza Parque General San Martín, ubicada a varias cuadras del mar. Su localización, lejos del principal flujo turístico, limita su utilidad para quienes pasan largas horas en la franja costera, especialmente familias con niños o adultos mayores. La solución queda limitada a quienes pueden disponer de una propiedad cerca del mar, pero la gran mayoría de los turistas y muchos vecinos, no tienen esa posibilidad.

En la práctica, los paradores y sectores concesionados cuentan con sanitarios como parte de su infraestructura básica. Sin embargo, se trata de servicios vinculados a la actividad comercial y no de baños públicos en sentido estricto. El acceso suele estar asociado al consumo o, al menos, condicionado a la dinámica interna de cada establecimiento, especialmente en horarios de alta demanda.
Esa diferencia no es menor dentro del debate. Mientras un baño público municipal supone acceso libre, gratuito y sin requerimientos más que la colaboración a voluntad, los sanitarios de paradores dependen de criterios privados y de la capacidad operativa de cada concesión. El caso es que, en ausencia de instalaciones públicas en el frente marítimo, el sistema termina funcionando de hecho apoyado en estos espacios, una situación que genera posiciones encontradas entre vecinos y visitantes.
En otros balnearios, la infraestructura sanitaria en zonas de playa forma parte del esquema urbano, aunque con distintos modelos de gestión. Para algunos turistas, se trata de una carencia que impacta en la calidad de estadía y en la imagen del destino. Para otros, la discusión incluye factores como costos de mantenimiento, higiene y vandalismo, variables que históricamente se mencionaron como obstáculos para su reinstalación.
Lo cierto es que el tema vuelve cada verano, se multiplica en redes sociales y abre una conversación que excede lo coyuntural. Más allá de las posiciones encontradas, la cuestión sigue formando parte del debate urbano de Monte Hermoso.

Mientras tanto se valora la iniciativa de La Coope en Bahía. Y, dicho sea de paso, también parece muy oportuna la actualización de esa típica parábola de la ayuda mutua con la historieta gráfica de los burritos, tan ilustrativa de lo que significa la cooperación como una alternativa de la competencia.







