En las aguas poco profundas de nuestras costas habita el pez guitarra, también conocido como melgacho o pez violín. Se trata de una especie cartilaginosa de cuerpo alargado, con rasgos que combinan características de las rayas y los tiburones, que puede superar el metro y medio de longitud. Aunque poco visible para el gran público, cumple un rol fundamental en el equilibrio del fondo marino del Atlántico Sudoccidental.
En la actualidad, se encuentra en peligro crítico de extinción, una categoría que enciende alertas a nivel regional. La disminución de sus poblaciones ya fue documentada en distintas áreas del continente y los investigadores advierten que la situación en las costas bonaerenses no es ajena a ese escenario.
Investigación científica y conocimiento del ecosistema
El seguimiento de esta especie forma parte de trabajos de investigación que se desarrollan desde la provincia de Buenos Aires, con participación de científicos vinculados a la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC), quienes estudian el comportamiento, la distribución y el rol ecológico del pez guitarra, junto a otras especies cartilaginosas como el tiburón gatopardo y el gatuzo.
Estas investigaciones buscan generar información precisa para comprender cómo interactúan estas especies con el ecosistema costero y cuáles son los factores que inciden en su vulnerabilidad, con el objetivo de aportar bases científicas para su conservación y manejo responsable.
Cambios en la pesca y acciones de concientización
El avance del conocimiento científico también impulsó modificaciones en prácticas tradicionales de la pesca recreativa. En torneos de gran convocatoria que se realizan en la costa bonaerense se estableció la obligatoriedad de devolver al agua los ejemplares de pez guitarra capturados, priorizando su preservación por sobre la competencia deportiva.
En paralelo, se desarrollaron acciones de divulgación y espacios de intercambio entre investigadores, pescadores y público en general, especialmente durante eventos de verano, donde se comparten resultados de los estudios y se promueve una mirada más consciente sobre la pesca y el cuidado del mar.
Una especie grande, pero altamente vulnerable
El pez guitarra es un depredador bentónico que se alimenta principalmente de crustáceos, moluscos y otros invertebrados. Para hacerlo, remueve el sustrato marino con su hocico y sus aletas, un comportamiento que oxigena el fondo y favorece a numerosas especies, lo que lo convierte en un actor clave del ecosistema costero.
Sin embargo, su biología lo vuelve especialmente frágil frente a la presión pesquera. Las hembras alcanzan la madurez sexual recién entre los 7 y 9 años y cada camada es reducida, con entre 4 y 12 crías. Este ritmo reproductivo lento dificulta la recuperación de las poblaciones cuando se produce una caída significativa en su número. A esto se suma que, si bien se han registrado hembras preñadas en la región, aún no se han identificado neonatos, un dato que mantiene abiertas varias preguntas sobre su ciclo de vida.
Ciencia ciudadana y compromiso comunitario
En los últimos años, los equipos de investigación sumaron un componente clave: la participación directa de la comunidad. A través de iniciativas de ciencia ciudadana impulsadas desde la costa bonaerense, pescadores, vecinos y turistas se involucran activamente en la protección del pez guitarra.
Mediante un sistema simple, quienes capturan accidentalmente un ejemplar pueden registrar datos como tamaño, sexo, lugar de captura y temperatura del agua antes de devolverlo al mar. Esa información resulta de gran valor para los investigadores, ya que permite ampliar el conocimiento sobre la distribución y el comportamiento de la especie.
La experiencia demuestra que la conservación no depende solo del trabajo científico, sino también del compromiso colectivo. En la costa bonaerense, la articulación entre investigación, pesca responsable y comunidad aparece como una herramienta central para intentar que el pez guitarra no se convierta en un recuerdo del mar.








