El lunfardo, jerga surgida a finales del siglo XIX se incorporó prontamente al lenguaje futbolero rioplatense. Términos como gambeta (regate), cuero (pelota), pibe (juvenil) o cepillar (agredir) fueron enriqueciendo la narrativa popular del deporte que apasiona al punto de contribuir a la identidad cultural.
Tan es así que muchas palabras y frases nacidas en el mundo del fútbol pasaron luego a ser utilizadas en otros ámbitos (hay casos a la inversa), sin reparar por lo general en su origen (pecho frío, mandar al bombo, pifiar).
Rescatamos algunos de los muchos ejemplos de términos o expresiones del lunfardo nacidos en canchas, tribunas o en el periodismo deportivo.
Aguantar los trapos: considerando trapo para designar una bandera, hace mención a estar comprometido con los colores de quien se es hincha, en cualquier situación, estando siempre presente para apoyar, alentar, a su equipo.
Amasarla: pisar la pelota, moviéndola sin perder el control de ella para confundir al rival.
Bombero: calificación popular para un árbitro cuando se considera que deliberadamente perjudica a uno de los equipos.
Calesitero: jugador vistoso pero poco efectivo, que da vueltas con el balón al pie frente a un adversario antes de (o sin) resolver positivamente la jugada.
Colgarse del travesaño: postura de un equipo destinada solo a defender, recurriendo a distintas formas de detener los avances del rival.
Comilón, morfón: jugador individualista que intenta resolver por sí mismo las jugadas, sin darle pases a sus compañeros.
Cuero: pelota, balón.
Cueva: zona del campo donde jugadores de posiciones defensivas se estacionan para detener los avances del rival.
Chanfle: efecto; técnica de pegarle a la pelota de una manera especial para que tome una curva inesperada para engañar a los rivales, sobre todo al arquero cuando se trata de un remate al arco.
Gambeta: regate, finta. Movimiento rápido del cuerpo del jugador para eludir a jugadores del equipo contrario y seguir avanzando con la pelota. El término se originó en el tango para denominar gambeta al movimiento rápido de las piernas al bailar y de ahí pasó al acervo futbolístico.
Hacer la cama: describe un acuerdo de los jugadores de un equipo para provocar la destitución de un entrenador, jugando mal o sin intensidad a propósito.
Mandar al bombo: dicho para graficar que el árbitro de un partido, con decisiones desacertadas y parciales, influyó en el resultado, perjudicando notoriamente a un equipo.
Matarla: controlar con el pecho o el pie la pelota, enviada desde lejos, en un movimiento sutil para que quede muerta, disponible para continuar la jugada.
Mojar, vacunar: convertir un gol.
Patadura: jugador poco habilidoso.
Pecho frío: se utiliza para calificar despectivamente a jugadores que, aunque tengan talento, no ponen suficiente voluntad, que carecen de garra, pasión o coraje en momentos decisivos.
Pepino, pepa: gol.
Pibe: juvenil, jugador joven.
Pifiar: fallar al intentar impactar la pelota. Suele usarse también la palabra morderla. Según se dice, deriva del antiguo alto alemán pfîfen (silbar), evolucionando a través del juego de billar para significar un golpe en falso.
Transpirar la camiseta: Esforzarse mucho en el juego durante todo el partido.
Rabona
Recurso que requiere de mucha habilidad que consiste en pegarle a la pelota cruzando una pierna detrás de la otra para patear con la misma o similar efectividad que si lo ejecutara con el movimiento usual, con la postura natural.
La expresión rabona ya existía en el lunfardo con el significado de faltar a una obligación, como por ejemplo la más difundida no ir a la escuela.
Se integró al vocabulario futbolero en septiembre de 1948 en un partido entre Estudiantes de La Plata y Rosario Central en el cual Roberto Beto Infante, delantero del conjunto platense, convirtió un gol de rabona con el pie derecho aplicado por detrás de la pierna izquierda recogiendo un rebote de uno de los palos.
Al comentar el encuentro, la revista especializada en deportes El Gráfico publicó una foto del jugador vestido de alumno con el título Un Infante que se hizo la rabona.
No pasó mucho tiempo para que el inagotable ingenio popular recogiera esa descripción periodística para empezar a denominar rabona al remate surgido del talento y de la repentización de Infante. La jugada era conocida hasta entonces como hachita pero fue desplazada rápidamente por el nuevo nombre.







