Este martes a las 21, la Biblioteca Popular Monte Hermoso será nuevamente escenario del ciclo de Café filosófico, una propuesta con entrada libre y gratuita que invita a reflexionar colectivamente sobre cuestiones centrales de la vida humana.
La cita semanal de los martes propone, en esta oportunidad, una charla orientada a pensar al hombre en el contexto de una sociedad que exige, acelera y muchas veces empuja a dejar de preguntarse quién es. ¿Por qué el hombre con poder se olvida de quién es? se titula el encuentro de esta noche.
El eje de la reflexión girará en torno a una paradoja propia de la modernidad: mientras el discurso sobre la dignidad humana ocupa un lugar cada vez más visible —con declaraciones, tribunales y consensos internacionales—, en la práctica esa dignidad parece vulnerarse de manera sistemática. La reflexión apunta a indagar por qué conviven, en un mismo tiempo histórico, un fuerte lenguaje humanista y hechos que lo contradicen de forma tan evidente.

Cuando el hombre sabía quién era
Uno de los primeros momentos de la charla propone un recorrido por la tradición filosófica clásica, donde la pregunta por el hombre tenía un anclaje claro. En la antigua Grecia, Sócrates retomaba el mandato del oráculo de Delfos —“Conócete a ti mismo”— como una invitación a descubrir la propia naturaleza. Conocerse no era un ejercicio introspectivo vacío, sino una condición para vivir bien y orientar la conducta.
Píndaro lo expresaba de otro modo al afirmar “Llega a ser lo que eres”, subrayando que no se trataba de inventarse, sino de descubrir una identidad previa. Esa convicción atravesó el pensamiento de Aristóteles y de la filosofía medieval, donde existía un criterio compartido acerca de lo humano. Saber quién es el hombre permitía distinguir lo justo de lo injusto, lo bueno de lo malo, y comprender su origen y su destino. Las virtudes, para Aristóteles, eran el camino para perfeccionar esa naturaleza.
Con la llegada de la modernidad, esa certeza comienza a resquebrajarse. Pico della Mirandola introduce un giro decisivo al presentar al hombre como un ser sin forma definida, llamado a fabricarse a sí mismo. Más adelante, John Locke profundiza esta idea al colocar la conciencia en el centro de la identidad personal, desligándola de una naturaleza común. Ser persona deja de ser una condición inherente al ser humano y pasa a entenderse como un estado, ligado a la percepción y la autoconciencia.
El hombre que se diluye
La charla también abordará cómo, en los siglos XIX y XX, esta pérdida de referencias se profundiza. Para Karl Marx, el sujeto central ya no es la persona concreta, sino el género humano. Friedrich Nietzsche plantea que la ausencia de valores es el precio necesario para preservar la libertad, aun a costa de aceptar un mundo sin sentido. Michel Foucault, por su parte, llega a sostener que la figura del “hombre” es una construcción reciente y contingente, destinada incluso a desaparecer.
El resultado de este proceso es un escenario en el que se habla constantemente de libertad y derechos, pero donde cuesta definir con claridad quién es el sujeto de esos derechos. Las declaraciones quedan así flotando, sin un fundamento sólido. Si no hay acuerdo sobre qué es la persona, la dignidad corre el riesgo de transformarse en una noción frágil, sujeta a decisiones arbitrarias y criterios cambiantes.
En ese contexto, el Café filosófico propone volver a una pregunta elemental y, al mismo tiempo, incómoda: quién soy. Recuperar esa pregunta, plantean los organizadores, no es un ejercicio teórico aislado, sino una condición para volver a pensar el respeto por uno mismo y por los demás. En tiempos donde todo parece medirse en términos de utilidad y rendimiento, pensar vuelve a presentarse como una urgencia.







