Los primeros diez días de enero dejan una postal de turismo intenso pero concentrado, con fines de semana de fuerte movimiento y una dinámica de consumo y permanencia que continúa acortando las estadías y condicionando las proyecciones para lo que resta de la temporada.
Luego del importante arribo de turistas para las celebraciones de Año Nuevo — que se dio especialmente entre el 30 y el 31 de diciembre—, la ciudad experimentó una merma en las reservas de alojamiento una vez pasado el 1° de enero. Ese primer pico, que se tradujo en una ocupación muy elevada, fue seguido por una baja que volvió a evidenciarse como un indicador clave del pulso turístico.
De acuerdo con operadores del sector de alquileres temporarios, durante los días hábiles la demanda mostró una caída notoria, mientras que los fines de semana registraron un repunte sostenido, con momentos de altísima afluencia. Este comportamiento reforzó una tendencia que se viene repitiendo: estadías más cortas, con un promedio estimado de cuatro noches por visitante.

En cuanto a febrero, el panorama es por ahora más cauteloso. Si bien existen numerosas consultas, el nivel de confirmaciones es bajo en términos generales. Esta situación lleva a muchos operadores a evaluar posibles ajustes a la baja en los valores de los alquileres, en busca de estimular la demanda en un contexto de decisiones más tardías por parte de los turistas.







