Este martes, como todos los de la temporada, habrá otro encuentro del ciclo Café filosófico, que coordina la profesora Mónica Carmelino en la Biblioteca Popular Monte Hermoso. Café de por medio, la propuesta cuyo objetivo es reflexionar en voz alta sobre temas cotidianos pero con una mirada más profunda.
El tema elegido esta vez es La libertad… ¿tiene fecha de caducidad? con la intención de preguntarse en primer lugar qué es la libertad.
La invitación es para la hora 21, en la sede de la sala, Patagonia esquina Bahía Blanca.
Sobre la libertad
Según nos cuenta nuestra habitual colaboradora, para los griegos, especialmente para Aristóteles, la libertad no era hacer “lo que quiero” sino vivir conforme a la razón. El ser humano es libre cuando gobierna sus pasiones y orienta sus actos hacia el bien. La libertad, paradójicamente, exigía disciplina: no era ausencia de límites, sino autodominio.
Con el estoicismo, la libertad se desplazó hacia el interior. Epicteto o Marco Aurelio sostenían que no somos libres respecto de lo que nos ocurre, pero sí respecto de cómo lo asumimos. El mundo puede ser hostil, pero nadie puede arrebatarnos la libertad de nuestra conciencia. Aquí la libertad es resistencia silenciosa.
En la modernidad, el problema se vuelve político y moral. Kant afirma que somos libres cuando nos damos a nosotros mismos la ley. No obedecer impulsos ni mandatos externos, sino actuar por deber, desde la razón. La libertad es autonomía, pero también responsabilidad: si soy libre, soy autor de mis actos.
Luego llega el quiebre existencial. Sartre dice algo inquietante: “El hombre está condenado a ser libre”. No hay esencia previa, no hay guión escrito. Cada elección nos define. Incluso no elegir es una elección. La libertad ya no es promesa, es carga. Y con ella aparece la angustia.
En el siglo XX la mirada es más cauta. Foucault advierte que la libertad no existe en el vacío. Estamos atravesados por discursos, normas, saberes, tecnologías de poder. Creemos elegir, pero muchas veces elegimos dentro de un marco que no hemos elegido. La pregunta deja de ser ¿soy libre? y pasa a ser ¿de qué modo estoy siendo moldeado?
Hoy, en un mundo de algoritmos, métricas y exposición permanente, la libertad vuelve a estar en disputa. ¿Elegimos realmente o somos empujados suavemente hacia ciertas decisiones? ¿Cuánta libertad hay cuando el deseo es fabricado?
Tal vez la filosofía no nos ofrece una definición cerrada, pero sí una intuición persistente: la libertad no es un estado que se posee sino una práctica que se ejerce, a veces contra uno mismo, a veces contra el mundo.







