La presentación del libro Nudos de María Antonia Zaragoza, este viernes, logró que Leif recorriera el camino inverso de su vida: vivió en el balneario, con el paso del tiempo se hizo ficción y anoche por la magia del poema reapareció entre nosotros.
Por un momento lo vimos, se hizo realidad. Por primera vez desde su partida estuvo en el Tico Tico, la casa mágica de un matrimonio de soñadores que se anticiparon en el tiempo, hoy convertida en la Casa de la Cultura de Monte Hermoso.
Imaginé a Leif parado en la puerta, que sorprendido por la platea colmada exclamaba: ¡Vino toda la dinamarquesada…!
Si, allí había familiares de Leif al por mayor, conocidos y admiradores del danés de los perros y la barba ensortijada.
Dice Laura Forchetti en la contratapa del libro que no hay pueblo de mar sin leyenda y no hay mar sin pescador.
Cuando Leif se quedó sin tiempo, la autora del libro vivió diez años en su casa. Después se vendió y una topadora arrasó con ella. Hoy es un estacionamiento. Eso la impactó a María Antonia y dice en un poema:
Los nudos atan cosas y personas.
Pañuelos en los puertos. Distancias.
En el mar la distancia se mide en nudos.
El nudo es una vuelta de cuerda sobre sí misma.
Al nudo de cada historia le espera un desenlace.
Cuando la topadora arrasó con la casa, nudo en la garganta.
Nudo en la vida del pescador que inventó su leyenda
Ayer al atardecer, cuando viajamos desde Sauce a Monte para la presentación, me detuve en la ruta para fotografiar el faro desde otra posición que no sea la orilla del mar y horizonte. Por primera vez vi y fotografié el faro con el sol, vistos desde atrás.
Después pensé que el faro no tiene atrás.
Como los ángeles, no tiene espalda.
Con la postal del faro de aperitivo y los poemas de Leif de María Antonia ¡cartón lleno!!
Nota al pie: que Hidrografía Naval no se olvide que el faro necesita urgente reparación para que no sea un ángel caído.








