“Únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo del horror” (Ernesto Sábato).
Recordando y releyendo la afirmación de Sábato en el célebre prólogo del informe del ‘Nunca Más’, vuelvo a constatar una realidad que duele: la “memoria” siempre es parcial, pues en sí misma suele fragmentarse, por el propio paso del tiempo (que deforma el recuerdo), por la subjetividad del individuo (que tiende a resaltar u olvidar aspectos) o por la Ideología subyacente en la concepción del narrador, tal como sostiene Tvezan Todorov.
Tristemente este péndulo oscilante, para un margen u otro, lo hemos vivido en estos 50 años.
La verdadera historia es más dramática, polifacética y multicausal. No estamos pudiendo hacer una reconstrucción verdadera, pues siempre en nombre de la verdad se parcela un fragmento.

Otros ejemplos ayudan a ver qué es posible: Mandela con su Nación Arco Iris (salida creativa del Apartheid). San Juan Pablo II con su constante tarea por la unificación de Europa (pre y pos caída del Muro de Berlín). Víctor Frankl, Iréna Sandler, Edith Eger, Edith Burke, el Papa Francisco con sus cuatro principios para la paz social.
Tantos maestros, en fin, sabios: ellos pueden releer los hechos, resignificarlos en una narrativa iluminadora, creativa y pacífica. Que permite ver desde los fragmentos una interpretación más abarcativa, que privilegia la verdad. Solo ella es la que produce como primer fruto la unidad, y de ella se derivan el bien y la fraternidad humana.
Autores citados
- Tzvetan Todorov, Memoria del mal, tentación del bien. Indagación sobre el siglo XX (2003)
- Papa Francisco, Evangelii gaudium (2013)
- Nelson Mandela, El largo camino hacia la libertad (2016)
- Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido (2012)
- Edith Eger, La bailarina de Auschwitz (2017)








