Las legumbres —como lentejas, garbanzos, porotos y arvejas— forman parte de la alimentación humana desde tiempos ancestrales. En un escenario global atravesado por los desafíos de la nutrición, la salud y la sostenibilidad, su valor vuelve a cobrar protagonismo. Accesibles y altamente nutritivas, aparecen hoy como una respuesta integral frente a problemáticas como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la seguridad alimentaria.
“Desde el punto de vista nutricional, las legumbres son una fuente excepcional de proteínas vegetales, fibra dietética, vitaminas del complejo B y minerales como hierro, zinc y magnesio, además de compuestos bioactivos con efectos antioxidantes y antiinflamatorios”, señaló la licenciada en Nutrición Silvina Ferrante (MP 7723), matriculada en el Colegio de Nutricionistas de la provincia de Buenos Aires. En ese sentido, explicó que su consumo regular se asocia con la reducción del riesgo de enfermedades crónicas y que, combinadas con cereales integrales, aportan un perfil completo de aminoácidos esenciales, lo que las convierte en aliadas clave en dietas flexitarianas, vegetarianas y veganas.
Más allá de sus aportes nutricionales, las legumbres presentan un impacto ambiental positivo. Su capacidad para fijar nitrógeno atmosférico reduce la necesidad de fertilizantes sintéticos, disminuyendo la huella de carbono y la contaminación del suelo y el agua. Esto favorece sistemas agrícolas más resilientes y menos dependientes de insumos externos. A su vez, su diversidad genética contribuye a la biodiversidad agroecológica, un factor central para la estabilidad de los sistemas productivos frente a plagas, enfermedades y variaciones climáticas.

En respuesta a las demandas del mercado alimentario, en los últimos años se desarrollaron innovaciones tecnológicas orientadas a la extracción y concentración de proteínas de legumbres, transformándolas en polvos proteicos funcionales. Estos ingredientes permiten enriquecer alimentos con proteínas de alta calidad y mejorar propiedades como la textura, la solubilidad y el rendimiento tecnológico en productos como panes, galletas, barras energéticas, bebidas vegetales y alternativas cárnicas.
Procesos biotecnológicos avanzados —como la microfiltración, la ultrafiltración y técnicas enzimáticas que preservan la funcionalidad de los péptidos— abren nuevas posibilidades para reformular alimentos tradicionales y desarrollar propuestas más saludables y sostenibles. Estas proteínas no solo aportan valor nutricional, sino que también influyen positivamente en la estructura, la retención de agua y la capacidad emulsificante de los productos.
Desde el Colegio de Nutricionistas bonaerense sostienen que promover el consumo y la valorización industrial de las legumbres constituye una inversión estratégica en salud pública, resiliencia climática y equidad alimentaria, al contribuir a la construcción de sistemas alimentarios más justos, nutritivos y sostenibles.







