Sauce Grande es para muchos ni más ni menos que una parte más del paisaje cotidiano del distrito de Monte Hermoso. Sus playas amplias, sus senderos entre árboles frondosos y la cercanía con el mar forman parte de un territorio conocido para vecinos y visitanes recurrentes. Sin embargo, esa familiaridad no impide que siga despertando lecturas nuevas cuando es observado desde otras miradas.
La psicopedagoga y especialista en bienestar digital Mariana Savid Saravia difundió recientemente una reflexión personal —que tuvo réplica en medios cordobeses— en el que relata su experiencia en el balneario, al que define como un espacio propicio para desacelerar y correrse, al menos por un tiempo, de la lógica de la hiperconectividad.
Desde su perspectiva, el entorno natural del sector le permitió “bajar el volumen” del ritmo cotidiano. Menciona aspectos que para el turista frecuente forman parte del paisaje habitual, como la arena y el mar, los caminos de tierra o el silencio, pero los resignifica como disparadores de un proceso personal de pausa. “No había que fotografiar ni documentar. Solo estar”, señala, al describir una caminata sin auriculares ni destino.

Savid Saravia vincula esa experiencia con lo que denomina reseteo digital, una práctica que promueve desde su trabajo profesional. Según expresa, el tiempo sin estímulos constantes —lo que define incluso como “aburrimiento”— puede transformarse en un espacio fértil para la calma mental y la creatividad, algo que, en su vivencia, encontró en los recorridos por los bosques y la costa de Sauce Grande.
En su mirada, ese mismo entorno adquiere sentidos distintos según quién lo transite. Para las familias, lo asocia a “recuperar conversaciones sin pantallas”; para las parejas, a “volver a mirarse sin interrupciones”; y para quienes viajan solos, a la posibilidad de caminar y descansar sin una banda sonora artificial que marque el pulso del día. Se trata, en todos los casos, de interpretaciones personales que surgen de su experiencia directa con el lugar.
Más allá de la playa, la autora también se detiene en la Laguna de Sauce, que describe como un ámbito de quietud donde actividades como la pesca o el avistaje de aves invitan —en sus palabras— a “esperar sin ansiedad y observar sin intervenir”. En ese marco, menciona el avistaje de flamencos y la contemplación del atardecer como parte de una experiencia íntima, alejada de las multitudes.
El relato que hace la especialista de su estadía en nuestro distrito incluye además una referencia a la propuesta gastronómica del restaurante Biguá, al que describe como un espacio donde la comida se integra al paisaje y al clima de calma general del lugar. “El único lujo necesario era estar ahí”, resume al recordar esa instancia.







