La reciente y resonante consagración del Club Barrio Hospital en el torneo oficial de tercetos de Segunda Categoría de la Asociación Bahiense de Bochas dejó mucha tela para cortar.
Y un hecho que ilusiona a todos. Mientras la experiencia de los referentes, Adrián Laborde e Ignacio Mónaco, marcó el pulso de la gran final ante Tiro Federal, los flashes del título también hicieron foco en la “mano” de una de las grandes promesas del deporte local: Santino Uriel Hernández.
Con apenas 15 años, el joven bochófilo, el medio del campeón, se convirtió en una de las piezas fundamentales de este presente dorado.
Sus primeros bochazos de la mano de su papá
La historia de Santino entre las lisas y las rayadas no es casualidad, sino un legado prácticamente ineludible. A los 8 años quedó fascinado al ver los partidos de su papá, Pablo Hernández, y cuando pudo levantar la primera bocha no paró más en una disciplina que lo atrapó rápidamente.
Aquellos primeros años incluyeron la construcción familiar del club “Nuevos Horizontes”, un espacio levantado a pulmón junto a su abuelo, equipo donde moldeó su técnica antes de recibir el llamado para sumarse a Barrio Hospital.

«A mí me llamó Leo, que es el que coordina, y me dijo si quería jugar y compartir equipo con mi papá. Me pareció muy buena idea, porque Barrio Hospital es un club muy lindo y unido. Estoy muy feliz acá», relató Paquito, apodo que heredó también de su padre.
Ese sólido sentido de pertenencia y crecimiento institucional no surge por casualidad, sino que se sostiene gracias al trabajo silencioso y constante de pilares fundamentales que bregan y trabajan por el crecimiento del deporte en una entidad que hoy respira bochas y básquetbol al máximo nivel.
Entre ellos se destaca la figura de Marcelo Osores (padre de Marcelito), Secretario general del Sindicato Unido Portuarios Argentinos (SUPA). Gracias al fuerte respaldo, acompañamiento y patrocinio del gremio del puerto, el club Barrio Hospital encuentra el soporte necesario para potenciar su infraestructura, cuidar a sus deportistas y sostener un proyecto que hoy da frutos tanto en segunda división como en la máxima categoría.
En el plano estrictamente competitivo, aquel trabajo en equipo se vio reflejado en la definición ante el conjunto aurivioleta.
«Jugamos realmente muy bien los tres, estuvimos muy efectivos y parejos. Los cruces frente a Tiro fueron unos partidazos, y gracias a Dios en el partido más importante pudimos salir campeones”, comentó el joven bahiense, quien también mira mucho fútbol y es fanático de Olimpo.
Su experiencia a nivel nacional
El talento de Santino Hernández trascendió las fronteras locales, ya que representó en reiteradas ocasiones a la Selección provincial, teniendo en su haber dos torneos Argentinos disputados en la categoría Sub-15. El último lo jugó este año, en Colón, Entre Ríos, donde el equipo se metió entre los cuatro mejores del país.
«Fue una experiencia única, muy recomendable; es muy lindo jugar y conocer gente de alto nivel y hacer amigos», detalló la joya bahiense.
Si bien en el plantel de Barrio Hospital es el único competidor de su edad, sabe que el recambio asoma y que en clubes como 9 de Julio también hay chicos de su generación que dan pelea.
Consultado sobre la posibilidad de dar el salto a Primera división, prefirió contestar con cautela: «No se me dio todavía el debut, pero me veo jugando ahí en poco tiempo. No me quiero apurar porque soy muy chico, pero quizás se dé después de que cumpla los 18».
El respaldo y acompañamiento de su mentor
Detrás de cada bocha tirada hay un proceso de maduración emocional. Santino reconoce que en sus primeros partidos solía frustrarse y enojarse cuando el juego no salía, pero hoy su mentalidad cambió radicalmente gracias a los consejos de su padre.
«Me dice que juegue tranquilo, que si sale, sale, y si no, no pasa nada porque él viene atrás mío. Si tengo que tirar, me enfoco en la bocha y nada más», confesó sobre ese sostén incondicional que también incluye el apoyo constante de sus hermanas a la vera de la cancha.
Fuera del club, Santino transita su adolescencia compartiendo tardes de fútbol con amigos, aunque él tiene clarísimo que su gran pasión está en las bochas, un deporte que define como «tranquilo y para divertirse».
De cara al futuro, sus metas son altas y claras: anhela ser convocado para representar a la Argentina en un Mundial y, el día de mañana, poder volcar todo lo aprendido convirtiéndose en profesor para contagiarle la disciplina a las nuevas generaciones.
Una joya del deporte local y regional que, respaldada por una gran familia y una institución sólida, promete seguir haciendo historia.








