Es el dúo dinámico del Club Atlético SUPA, donde va uno va el otro y me animo a decir, por lo que hacen, pregonan y contagian, que ni “Batman y Robin” se animaron a tanto.
En la oficina de deportes, en la parte alta del edificio de Fruticultura, en el corazón del puerto whitense, las mañanas suelen estar cargadas de un “show” que ellos mismos generan con fuego cruzado y chanzas recurrentes que no hacen más que demostrar que los que se pelean en broma se quieren en serio.
Más allá de que deliberadamente se “sacan los trapitos al sol” delante del que en ese momento esté formando parte de la ronda de mate o haya ido a buscar algo, son buenos compañeros de trabajo, los une una amistad y saben que juntos se potencian, dentro y fuera de una cancha de fútbol.
“En las buenas y en las malas”, responden a coro Alberto Shell y Sebastián Allegretta, entrenador y asistente técnico de la Reserva del SUPA, que al cabo de las 30 fechas de la fase regular redondeó una campaña histórica en su tercera temporada participando en la Liga de Coronel Dorrego.
El sub-25 del Rosa portuario cosechó 78 puntos, producto de 25 victorias, 3 empates y 2 derrotas, con 86 goles a favor y 25 en contra. Sencillamente espectacular.

“Este buen presente es una continuidad del trabajo pormenorizado que venimos haciendo desde hace dos años. En 2025 la Reserva terminó disputando las finales y este año se incorporaron una docena de chicos de distintos clubes de la Liga del Sur para potenciar a la base que había quedado”, confesó “Beto”, el estratega de un plantel fortalecido en lo anímico y en lo futbolístico.
“Son chicos comprometidos con la causa, de buena madera y que no faltan a los entrenamientos. A partir de ahí se edificó todo el resto”, apuntaló el DT.
—Ahora, ¿es más importante sumar puntos y campeonar que nutrir de jóvenes promesas a la escuadra superior?
—Una va de la mano con la otra. El hecho de participar con el objetivo de competir y trascender, le genera al jugador una mayor confianza, y eso le allana el camino a la hora de formarse con la intención de llegar a Primera. Lamentablemente el fútbol hoy se rige por resultados, pero a nosotros nos importa el proceso. En lo que va del año varios chicos dieron el salto, sumaron minutos e incluso convirtieron. No hay mayor satisfacción que esa.
“Perdón, ¿yo estoy pintado acá?”, interrumpió Sebastián, sentado al lado del entrenador y recibiendo los honores, una vez más, de sentir lo que más le gusta escuchar: “Es el alma del grupo y el que más feeling tiene con los pibes”.
“En el vestuario y en la cancha somos como hermanos, nos entendemos a la perfección, y acá en la ofi nos mandamos bastante la parte para darle un toque de humor a los distintos encuentros”, esbozó Beto ante la atenta mirada de su ayudante de campo, que meneaba su cabeza para un lado y para el otro mientras repetía: “Es mentira, no creas nada de lo que está diciendo”.
Y se largó por la pendiente cuando comprobó que era su turno: “Nunca me halagó tanto como ahora, estoy sorprendido de tantas flores que me está tirando”, señaló su coequiper, el capitán eterno (lució la cinta en los distintos equipos del SUPA que integró a nivel amateur), el que se incorporó al cuerpo técnico este año más allá de que viene batallando desde hace mucho tiempo por y para el club rosado fundado hace poco más de un mes.
Shell intentó redondear su idea, prosiguió con su relato y con su vozarrón tapó a su mano derecha, que lo miró de reojo antes de darle a entender que no le gustó nada volver a perder su chance de hablar: “Sumamos a una persona de bien, es el padre Allegretta, porque se encarga de estar encima de los chicos, de animarlos, de escucharlos y de guiarlos. Es muy humano, siente lo que hace y empuja con una admirable vocación de servicio. Para estar, no fallar y contener, es el N° 1”.

—Más allá de mi humilde opinión en lo técnico-táctico, mi función es acompañar, tan simple como eso. Es el diálogo diario con los chicos, preguntarles cómo les fue en el colegio, si charlaron con sus padres, comprobar que no le falte la ropa del club y que todos tengan el sándwich y la gaseosa después de cada partido.
“Trato de estar atento a esos detalles, aunque también es indispensable la ayuda y el acompañamiento de ´Pancho´ Figueroa (presidente de Club SUPA) y su hijo Pablo (vocal titular de la misma CD)”, deslizó el administrativo de 48 años.
—¿Quién grita más desde la línea de cal?
—Beto. Yo trato de ver más allá de sus ojos, de acompañar y de transmitirle a algún jugador, y a mi manera, el mensaje que él me da.
—¿Qué pasa cuando estás en desacuerdo con alguna orden que da Beto?
—Arde Troya… (risas). Me siento en el banco y espero que tome la decisión que él cree que es la correcta por más que yo no la comparta. Jamás lo voy a contradecir, él siempre tiene la última palabra. Alguna vez se dio cuenta de lo que yo pensaba cuando me miró a la cara, pero él es el jefe y siempre lo voy a respetar. Aunque en frío y en la semana por ahí tocamos el tema, y me tiene que escuchar, ja, ja.
—Fuera del trabajo diario, ¿encontraste tu lugar como ex futbolista?
—En el fútbol, después de la etapa como jugador, es lo que quería hacer, aunque me apasiona más la parte dirigencia: trabajar para el equipo, ultimar detalles antes de cada viaje, comprobar que no falte nada a la hora de llegar a cada uno de los estadios, etc… En definitiva, hacer todo aquello que mueve a un plantel y que nadie ve.
“Hace unos días se me acercó un papá para darme las gracias por lo que hacemos por el equipo y por su hijo, pero no en lo estrictamente deportivo, en lo otro, en el manejo que tenemos como grupo fuera de las canchas y en la vida misma. Eso te llena de orgullo, porque no hay nada más lindo que contribuir a formar personas antes que a grandes futbolistas”.
Y continuó: “La CD del club se suele juntar acá y se charla de distintas variables, de lo que conlleva el hecho de competir en una Liga a distancia. Organizarse es primordial: que esté el colectivo a horario, que no falten las viandas, el agua ni los elementos de trabajo. Y, por sobre cualquier otra cuestión, que estén todos contentos con la ayuda o la labor que cumplen”.
—Ahora, ¿por qué rezongás tanto delante de Beto?
—Es una relación amor-odio, un acting que se convirtió en cábala. Arrancamos el año “peleando”, nos empezó a ir bien y ahora debemos seguir con esta postura hasta el final. Ahora, si me preguntás por él fuera de micrófono, no voy a hablar bien ni lo voy a ponderar como él hizo conmigo.
A la mínima chispita, saltó Beto: “Es todo joda y la pasamos bien; internamente todos tiramos para el mismo lado, Pancho y Pablo son el sostén inquebrantable de la organización y de que a los chicos no les falte nada. Apoyan, están atrás, y con el aval de Marcelo (Osores, secretario general del Sindicato Unido Portuarios Argentinos de Bahía Blanca), el proyecto avanza para competir e ilusionarse”.
“El logro se ve reflejado en los puntos obtenidos, pero esto se gesta durante la semana, además de poder estar al frente de un grupo de chicos con una predisposición excelente”, exclamó Beto, arquero ya retirado de 40 años.
“En los viajes discutimos bastante cuando vamos armando el equipo. Eso sí, es primordial desayunar en alguna estación de servicio camino al partido. Eso no se negocia”, contó el orientador bahiense.
—La gente se pregunta, en 2027, ¿volverías a elegir a Seba como asistente?
—Por supuesto. Seba es de la familia del SUPA, tiene un marcado sentido de pertenencia y conoce la idiosincrasia del Sindicato de punta a punta. Atrás de la dupla que formamos hay distintos colaboradores que nos hacen todo más sencillo. Estoy feliz de compartir con él.
—Pero que siga en su puesto, porque por ahí te propone él de principal y vos como segundo.
Seba tomó la posta: “Ya soy el 1, entre nos te aviso: Allegretta DT 2027”.
—Tiraste una bomba, ¿o es una de las tantas bromas que invocás por día?
—Ja, ja. Veremos…
La reacción de Beto no tardó ni medio segundo en llegar: “Me pone contento que en este 2026 diga que se queda para el 2027, porque todos los meses amaga con dejar. Sé que internamente él quiere ocupar el lugar que tiene hoy, más de dirigente consejero y asesor que de entrenador”.
“Sí, pero no quiero estar con vos, esa es la parte que no entendés”, lo fulminó Seba, tirando el mate, saltando de la silla y entrando a otro round con su “jefe”, como lo llamó en ciertas partes de la entrevista.
“Pero sí, voy a seguir ligado al fútbol del SUPA”, cerró Sebita, agitado después de discutir, por enésima vez en el año, con su colega y compinche.
No le crea nada. Se quieren, se necesitan, a tal punto que hoy le puedo asegurar que uno no podría seguir adelante sin el otro. El “Dúo Dinámico”, una dupla explosiva que, como solemos decir los que nos sentimos bien estando con ellos “Estos dos nunca pueden faltar”.









