Hay muchas historias en el fútbol que se escriben a base de sacrificios, giros inesperados del destino y un profundo sentido de pertenencia con el lugar donde todo comenzó. La de Matías “el Polaco” Martín es una de ellas, y es que a la edad de 37 años, el histórico delantero de Atlético Monte Hermoso atraviesa una segunda juventud dentro del campo de juego, mientras fuera de él divide sus días entre la atención de su comercio gastronómico y el disfrute de la vida familiar en su querido Monte.
Referente absoluto del albirrojo, el Polaco acaba de firmar una fase regular impresionante en la Liga de Fútbol de Coronel Dorrego: terminó como segundo máximo artillero del certamen con 36 goles y llevó a su equipo a lo más alto de la tabla de posiciones con 80 puntos de cara al inicio de los playoffs.
Su vínculo con la pelota comenzó en los potreros del barrio, entre las escuelitas locales de Atlético y Suteryh, hasta que a los 13 años recibió el llamado de Martín “El Mono” Sangronis, actual entrenador de Atlético Monte Hermoso, quien lo vio jugar en inferiores y lo llevó a Tiro Federal de Bahía Blanca.
La apuesta de Sangronis fue el trampolín para una carrera intensa de puro sacrificio: integró el plantel aurivioleta que ascendió al Federal A en 2015, tuvo una prueba por Defensa y Justicia, cosechó rodaje en Bolivia con la camiseta de Jorge Wilstermann, tuvo un paso fugaz por Independiente de Río Colorado, y terminó construyendo un extenso recorrido en el exterior.

La llamada que le cambió la vida: de Israel al abrazo de su abuela
Tras superar una severa rotura de ligamentos en su paso por Jorge Wilstermann, la carrera del Polaco tomó un rumbo impensado. Sin un nombre fuerte en el fútbol nacional, pero con el hambre intacto, armó las valijas para probar suerte en Israel. Lo que comenzó como una “prueba” se convirtió en una estadía de siete años (de 2013 a 2020), donde se consolidó como deportista profesional vistiendo los colores del Hapoel Rishon leZion, Hapoel Afula, Hapoel Jerusalem y Maccabi Ahi Nazareth.
Sin embargo, a comienzos de 2020, el afecto familiar pesó más que el contrato profesional.
“Habían pasado cinco años desde que no venía para Argentina y mi abuela, que fue uno de los pilares que siempre me acompañó desde chico cuando jugaba en Tiro Federal, me pidió que la viniera a ver. No le podía decir que no”, explicó el goleador sobre la decisión de viajar a visitarla.
Aquel gesto de amor coincidió con el estallido de la pandemia por el COVID-19 en marzo de 2020. Con los vuelos cancelados y las fronteras cerradas, no pudo regresar a Israel y debió adaptarse a un cambio drástico en su vida.
“Fue durísimo al principio porque tuve que dejar un club, un contrato y toda mi vida armada en Israel. Pero con el tiempo entendí que por algo pasan las cosas, pude estar cerca de mi abuela en sus últimos momentos y quedarme en mi pueblo. Hoy miro para atrás y veo a la familia hermosa que formé acá y no me arrepiento de nada”, detalló a modo de reflexión.

El fanatismo por Boca Juniors y el descubrimiento de una nueva pasión
Su paso por Medio Oriente también dejó perlitas vinculadas a su otra gran pasión: Boca Juniors. Su fanatismo por el xeneize chocaba directamente con las seis horas de diferencia horaria que tenía con Argentina.
“Los partidos se jugaban a las 9 de la noche allá en Argentina y para mí eran las 3 de la mañana. Yo ponía el televisor al mango para mirarlo en el departamento y los vecinos se quejaban con la dirigencia del club. Más de una vez me comí una sanción por mirar a Boca”, recordó el delantero, entre risas.
Al afianzarse en Monte Hermoso, Matías encontró un nuevo oficio codo a codo con su mujer Andrea en la gastronomía. Tras administrar durante un tiempo la tradicional “Parrilla de Luisito”, el restaurante familiar de más de tres décadas, decidieron dar un giro comercial y volcar todo a un almacén de atención permanente durante todo el año.
“Mi mujer me dijo de entrada que esto podía ser el principio o el fin de la relación, porque la gastronomía era jodida. Pero a mí me criaron peleándola bien desde abajo y me adapté rápido. Me encanta la gastronomía, charlar con la gente en el mostrador y compartir el día a día”, explicó el Polaco.

El objetivo de Atlético Monte Hermoso: conseguir el tricampeonato
En el ámbito futbolístico, el presente del delantero montermoseño rompe cualquier lógica vinculada a la edad. Tras consagrarse bicampeón y goleador del torneo pasado (con gol incluido en la final ante SUPA), encaró esta temporada con la vara más alta que nunca.
“Este año dije que teníamos que ir por el tricampeonato, y hoy en día parezco un pibe de 15 años porque hice 36 goles, siento como si estuviera volviendo a nacer. El grupo está bárbaro, tenemos una mezcla muy buena de experiencia y chicos nuevos que se adaptaron rápido”.
Con la ventaja deportiva asegurada para la definición por el título y la mira puesta en el cruce de octavos ante Almaceneros, el delantero no ocultó cuál sería el escenario soñado para el cierre del certamen:
“Si me das a elegir una final soñada, me encantaría jugar contra Suteryh. Un clásico de Monte Hermoso en una definición de campeonato sería algo histórico para el pueblo”.
Instalado en la paz de Monte, entre la atención en el mostrador y la intuición intacta dentro del área, Matías Martín demuestra que la pasión por el gol no tiene fecha de vencimiento. Con la receta del esfuerzo aprendida desde chico y el condimento de la experiencia, el delantero albirrojo prepara la mesa para el banquete más esperado: conseguir el tricampeonato y regalarle a Atlético otra página dorada en su historia.








