En la caminata diaria por la playa lo vi de lejos. Estaba inmóvil al borde del mar, a merced de las olas que en su tramo final son pura espuma. Por las dudas me acerqué con cautela y confirmé que era un pequeño delfín que estaba sin vida.
Vaya a saber desde que confín del Atlántico vino a morir en playa firme, si fue aquí su deceso o la muerte lo sorprendió mar adentro. Reconocí inmediatamente que era el delfín típico de nuestra costa atlántica bautizado Franciscana, porque su cuerpo es del color de los hábitos de los monjes franciscanos. Una especie rara y de las más pequeñas en el planeta, que miden entre 1.30 y 1.70 m.

Lo más lamentable es que la especie Franciscana es una de las más amenazadas de la costa Atlántica y en peligro de extinción. Aparecen varados en las playa porque quedaron atrapados en redes de pesca o problemas de salud provocados por ingesta de plásticos y la exposición a productos químicos que contaminan cada día más los océanos.
Recomendaciones
Si encuentran un delfín, lobo marino o pinguino con vida mantener distancia no tocarlo, ni alimentar, ni intentar devolverlo al mar. Alejar a la gente y a los perros para evitar estrés y enfermedades.
Para activar el protocolo de rescate en los balnearios de la región tomar contacto con la Estación de Rescate de Fauna Marina Guillermo «Indio» Fidalgo – [email protected].
En Monte Hermoso: Dirección de Bromatología – 291-4493220. Museo de Ciencias Vicente Di Martino. Guardavidas o al 103 (Defensa Civil)
Cierro con la despedida al delfín que inspiró esta crónica. Nos cruzamos al borde del mar justo en el momento que dejaba la vida. Yo lo despedí acariciando su cuerpo. Ojalá haya sentido que alguien le extendió la mano y no lo olvidará.







