La primavera tiene su fecha precisa del calendario, pero no siempre necesita flores, temperaturas agradables ni días más largos para hacerse presente.
También hablamos de la primavera de una persona, de una actividad que vuelve a florecer o de un proyecto que comienza a brotar. Decimos que algo reverdece cuando recupera fuerzas y hasta contamos los años jóvenes como “primaveras”.
La estación prestó así sus imágenes a la vida cotidiana. Lo que ocurre en la naturaleza —el regreso del verdor, el nacimiento de las flores y la recuperación de la actividad después del invierno— terminó ofreciendo palabras para nombrar procesos humanos.
La primera primavera
La palabra “primavera” procede del latín vulgar prima vera. Esa expresión se formó a partir de primum, que significa “primero”, y ver, el nombre latino de la primavera.
La construcción se refería, originalmente, al primer tramo de esa época del año. Con el paso del tiempo, las dos voces quedaron unidas y dieron lugar a la palabra que utilizamos actualmente.
Una entrega anterior de esta columna, dedicada al origen de “verano” y “estival”, ya había mostrado que los nombres de las estaciones no siempre delimitaron el año de la misma manera. “Primavera”, “verano” y “estío” estuvieron alguna vez mucho más próximos de lo que sugieren sus significados actuales.
Hoy la primavera astronómica comienza con el equinoccio y termina con el solsticio de verano. En el hemisferio sur, corresponde aproximadamente a septiembre, octubre y noviembre.
La noche que se iguala con el día
La palabra “equinoccio” también conserva su explicación dentro de su propia historia. Proviene del latín aequinoctium, formado por aequus, “igual”, y nox, noctis, “noche”.
El nombre alude al momento en que el día y la noche alcanzan una duración semejante. Ocurre dos veces al año y señala el comienzo astronómico de la primavera y del otoño.
Así, una estación asociada con el crecimiento comienza mediante una palabra que habla de equilibrio. Antes de que los días continúen alargándose, la luz y la oscuridad atraviesan un punto de aparente igualdad.
El Diccionario de la lengua española conserva tanto el origen latino de “primavera” y “equinoccio” como los significados literales y figurados que fueron adquiriendo.
Los años también pueden ser primaveras
“Primavera” no designa únicamente una estación. También puede nombrar cada uno de los años correspondientes a la juventud, especialmente cuando se utiliza en plural.
La frase “cumplió veinte primaveras”, por ejemplo, reemplaza la medición directa de la edad por una imagen asociada con el crecimiento, la frescura y el comienzo de la vida adulta.
El uso suele tener un tono literario, afectuoso o humorístico. No se habla habitualmente de cincuenta inviernos o de treinta otoños, pero las “primaveras” encontraron un lugar propio para contar ciertos años.
El diccionario también define la primavera como el tiempo en que algo se encuentra en su mayor vigor y hermosura. Por eso puede hablarse de la primavera de una época artística, de una institución o de una etapa personal sin hacer referencia al clima.
Florecer más allá de las plantas
Algo similar ocurrió con “florecer”. En su sentido literal, significa echar flores. Sin embargo, también se utiliza cuando una persona, una actividad o incluso una idea prospera y se desarrolla.
Un comercio puede florecer después de atravesar una etapa difícil. Una vocación puede hacerlo cuando encuentra las condiciones adecuadas. También pueden florecer la ciencia, la cultura, la justicia o una relación.
El verbo mantiene la imagen vegetal, pero ya no necesita una planta. La flor pasó a representar el momento visible de un crecimiento que venía produciéndose, muchas veces, sin que los demás lo advirtieran.
Brotar y reverdecer
“Brotar” describe el nacimiento de una planta o la aparición de hojas y renuevos. En el lenguaje cotidiano, sin embargo, también brotan una idea, una esperanza, una protesta, un recuerdo o una emoción.
La palabra permite expresar que algo comienza a manifestarse. El brote es pequeño y todavía no muestra hasta dónde podrá llegar, pero anuncia que un proceso ya se puso en movimiento.
“Reverdecer” contiene otra idea. No se refiere tanto a lo que aparece por primera vez, sino a aquello que recupera verdor después de haber estado seco o debilitado. Por extensión, significa renovarse o tomar nuevo vigor. RAE
Una actividad que se retoma, un vínculo que recupera cercanía o una persona que vuelve a entusiasmarse pueden reverdecer. La palabra reconoce que hubo una etapa de pérdida o quietud, pero también que esa situación no necesariamente era definitiva.
La primavera del idioma es, entonces, más extensa que la del calendario. Empieza con una antigua expresión latina, pasa por una noche que se iguala con el día y continúa cada vez que algo brota, florece o recupera fuerzas después de un tiempo adverso.








