Mientras continúan las tareas de limpieza, evaluación de daños y recuperación de los sectores afectados por el último temporal, continúa otra discusión que necesariamente excede la emergencia: cómo debe protegerse el frente costero frente a fenómenos de esta magnitud.
Lo que dejó la sudestada vuelve a poner de manifiesto la vulnerabilidad de distintos sectores y, al mismo tiempo, pone sobre la mesa distintas miradas acerca de cuáles deberían ser las obras a realizar.
El doctor en Oceanografía e investigador del CONICET Gerardo Perillo señaló que desde hace años los especialistas vienen advirtiendo sobre la posibilidad de que este tipo de situaciones se vuelvan más frecuentes e intensas.
En una entrevista con el equipo periodístico de Sietemundo de Bahía Blanca, Perillo explicó que estos episodios generan una importante pérdida de arena y adelantó que ya se encuentran programadas campañas de medición tanto en Monte Hermoso como en Pehuen Có para determinar el volumen erosionado por el último evento.

Como referencia, recordó que durante una ciclogénesis anterior se habían perdido en Monte Hermoso varios millones de metros cúbicos de arena, lo que representó aproximadamente dos metros de altura de playa.
Geotubos y monitoreo permanente
Consultado sobre las posibles respuestas para la ciudad, Perillo destacó el trabajo conjunto que se viene realizando entre investigadores y el municipio, aunque aclaró que son los organismos técnicos quienes pueden realizar recomendaciones y que posteriormente corresponde a las autoridades definir qué obras llevar adelante.
También planteó una dificultad que considera central: la falta de programas permanentes de monitoreo costero que permitan disponer de información suficientemente detallada para elaborar predicciones de largo plazo.
En relación con las defensas existentes, el investigador valoró específicamente la utilización de geotubos, tubos confeccionados con material geotextil y rellenados con arena.
Según explicó, se trata de un sistema recomendado internacionalmente que presenta ventajas respecto de estructuras rígidas. Entre ellas, su flexibilidad y el hecho de que, si llegan a romperse, el material que liberan es arena que vuelve a incorporarse a la playa.

También remarcó que ninguna obra de protección puede considerarse definitiva. “No existe el sistema eterno”, sostuvo, al explicar que cualquier defensa requiere mantenimiento, vigilancia continua y capacidad de intervención cuando comienza a mostrar problemas.
Sobre los geotubos instalados anteriormente, agregó un elemento importante. Consideró que la disposición original podría no haber sido la adecuada y explicó que este tipo de estructuras debería colocarse de manera escalonada, formando una pendiente, para disminuir la reflexión de las olas que contribuye a erosionar la playa.
El investigador adelantó además que está prevista una nueva reunión con el comité de emergencia y autoridades municipales para analizar lo sucedido y evaluar qué colaboración pueden brindar la Universidad Nacional del Sur y el IADO.
Otra mirada sobre las defensas
Una posición diferente expresó el arquitecto bahiense Marcelo Soteras, quien habló sobre lo ocurrido durante una entrevista con el programa Basados.
Soteras comenzó aclarando que su análisis corresponde a su formación como arquitecto y que la opinión de los ingenieros resulta indispensable. Sin embargo, a partir de su conocimiento de la ciudad sostuvo que, a su criterio, el temporal dejó en evidencia una diferencia entre los sectores que cuentan con estructuras de hormigón y aquellos que no.

“Puedo decir que se nota la diferencia del sector donde hay hormigón y donde no. El frente hecho con hormigón es lo que quedó en pie”, expresó.
Para Soteras, uno de los puntos centrales es preservar la calle costanera porque considera que cumple una función estructural en la protección del frente urbano.
“Hay que contener la calle porque es la que le da solidez al frente de los edificios y las viviendas. De esa manera, la arena está contenida y cumple con su tarea de resistencia”, señaló.
Según su interpretación, si la calle pierde protección, el avance del agua puede comenzar a socavar la arena y acercarse progresivamente a las construcciones.
“Cuando la arena deja de estar confinada, se socava o se mueve, empieza a haber inestabilidad, pero creo que eso por ahora no va a ocurrir”, aclaró.
El arquitecto sostuvo que deberían construirse defensas de hormigón en aquellos sectores donde existen edificios próximos a la costa y consideró que la prioridad debería ser impedir que el mar continúe avanzando sobre la calle.
Su diagnóstico parte también de lo sucedido con el perfil de playa. Según explicó, la pérdida de arena habría reducido su pendiente natural y facilitado que el agua avanzara durante la tormenta hacia sectores que habitualmente no alcanza.
“No hay que permitir que el mar se lleve la calle; si eso ocurre, ahí sí va a haber problemas más importantes”, advirtió.
Una discusión que recién comienza
Las opiniones de Perillo y Soteras coinciden en un punto de partida: proteger el frente urbano y conservar la arena resultan cuestiones centrales. Sin embargo, muestran diferencias importantes respecto de la manera de hacerlo.
Mientras Soteras considera que las estructuras de hormigón deberían tener un papel central para contener la calle y el terreno, Perillo pone el acento en soluciones flexibles como los geotubos, en su correcta instalación y en evitar determinadas estructuras rígidas que puedan intensificar la erosión de la playa.
No se trata, por lo tanto, solamente de reconstruir aquello que dañó el temporal. La magnitud de lo ocurrido vuelve a plantear una cuestión de más largo alcance: qué modelo de defensa costera puede responder mejor a una costa dinámica y a fenómenos que, según los investigadores, podrían repetirse con mayor frecuencia.








