El fútbol es un deporte que va más allá de un simple partido de 90 minutos. Es el punto de encuentro de historias de vida marcadas por el esfuerzo diario, la reinvención y las pasiones que trascienden los resultados y las disputas de cada fin de semana.
Una de esas historias que merece ser contada es la de Boris Herrera, defensor central o lateral del primer equipo del SUPA que, fuera del rectángulo de juego, divide su tiempo entre distintas responsabilidades laborales y un hobby muy particular. Es profe de Educación Física, asesor comercial en la sucursal bahiense de Toyota (Autos del Sur S.A.) y coleccionista de autos en miniatura.
Es el blanco predilecto para las cargadas en el plantel portuario, sobre todo porque muchos de sus compañeros no logran, o no se esmeran en comprender, que el ex Liniers, a los 32 años, modificó varios de sus hábitos en su vida diaria.
Pero sigamos con la presentación de quien hoy se convirtió en uno de los defensores destacados de la Liga de Fútbol de Coronel Dorrego.
Criado en un hogar donde el deporte y la pelota eran «palabra santa», se hizo fanático de la N° 5 por el empuje de su papá Alejandro y el acompañamiento incondicional de su hermano Bautista.
A los 6 años se incorporó a la escuelita del «chivo» de Bahía, donde pasó etapa por etapa y categoría por categoría hasta llegar a la mayor, con la que consiguió 5 títulos liguistas y un ascenso al Federal A.

Regresó a Liniers, dueño de su pase, y a principios de esta temporada convino condiciones con el SUPA, que hoy ocupa el tercer lugar de las posiciones en el torneo oficial de la Liga de Dorrego y desde hace varias fechas está clasificado a la Liguilla campeonato.
“La verdad es que estoy muy contento. Al principio tenía muchas dudas por los años que jugué en Liniers y porque no sabía cómo iba a manejar las cuestiones laborales, pero la vida, el orden y la seriedad que encontré en el SUPA me sorprendió para bien. Es un club con manejo profesional, entrenamos juntos todos los días y eso nos transforma en un equipo competitivo a la hora de salir a jugar cada fin de semana”, destacó sobre la realidad del club del Sindicato.
Con una experiencia previa que incluye el recordado ascenso con Liniers al Torneo Federal A, hecho que define como inolvidable, Boris lidera desde el fondo al conjunto dirigido por Horacio “Color” Azzolini.
Un cambio grande y ¡atajate!
Detrás de la firmeza defensiva y un despliegue constante, existe un Boris saludable. Hace 7 años, impulsado por la búsqueda de optimizar el rendimiento físico, evitar calambres o dolores musculares y mantener su peso ideal, varió casi por completo su dieta diaria y eso lo llevó al mundo del “veganismo”. Sí, dejó de comer carne y cualquier derivado de origen animal, para inclinarse por una alimentación basada en vegetales y legumbres.
“En los asados me vuelven loco, sobre todo cuando pongo una milanesa de soja o una hamburguesa de lenteja a que se cocinen en la parrilla. Fue un cambio rotundo y me siento bien. Antes comía un kilo de vacío en las juntadas y ahora me incliné por lo verde, por ingerir proteínas que me equilibren el aparato digestivo y la energía corporal”, asumió, aún sabiendo que sus compañeros le recalcan que “todo lo que come no es compatible con el fútbol y la vida grupal”.
“Sí, lo sé, pero logré bajar la grasa corporal sin perder masa muscular. No me acalambro y tengo mejor dosificación de aire», expresó Boris, quien hoy mantiene una postura más “flexible”, la que él denomina “vegetarianismo”.
La pasión fierrera que lo cautivó
Si el fútbol ocupa un lugar central en su rutina, los autos compiten mano a mano por el primer puesto en su corazón. El vínculo con el rubro automotor no se limita al fin de semana: es su día a día como asesor comercial en la concesionaria oficial de Toyota, una labor que complementa con la carrera de auxiliar mecánico (viene bien con el estudio) y la década de experiencia previa que tuvo como Profesor de educación física.
Fanático incondicional de los coches deportivos clásicos de los años 90 y de todo aquello fabricado por los japoneses, Boris atesora una auténtica “joyita” sobre ruedas: un Subaru Impreza de 1994, un vehículo al que le devolvió su mejor versión con mucho esfuerzo y pasión.
Además, la pasión por los fierros se expande a un emprendimiento propio dedicado a la compra y venta de autos de colección a escala 1:64, un espacio donde comparte conocimientos con coleccionistas y apasionados que entienden que un auto es mucho más que un simple medio de transporte.
“Soy un apasionado de los autitos de colección, tengo más de 300 y son parte del decorado en el escritorio de mi casa. La gran mayoría son marca Hot Wheels”, cristalizó.
“Es un rubro muy popular en el mundo y te conecta con gente de países que ni conocés. Vos exhibís lo que tenés y hay veces que no eligen ni uno, pero bueno, el contacto y la referencia quedan”, se explayó este bahiense criado en el barrio Pacífico y que desde hace 15 años se encuentra en pareja con la médica Antonela Russo.
El gran objetivo del SUPA: gritar campeón
Tras haber quedado a las puertas de la gloria en la temporada pasada, donde el equipo coronó una gran campaña al finalizar subcampeón de la Liga dorreguense tras caer en una épica definición frente a Atlético Monte Hermoso, el equipo portuario va por la revancha absoluta.
Hoy, afianzados en el tercer puesto de la tabla con 64 unidades, el plantel mantiene la mira alta y la exigencia al máximo.
Lejos de conformarse, Boris tiene bien en claro cuál es la meta que desvela al grupo: “El objetivo es el campeonato. Desde el primer momento, tanto los dirigentes como el cuerpo técnico, nos dejaron bien claro el mensaje: estamos para eso y queremos gritar campeón”.
Con la certeza de tener un presente futbolístico que ilusiona y la convicción intacta de ir por el título, Boris demuestra que la verdadera riqueza de un deportista está en la entrega y en el hambre de gloria, un “motor” afinado a la perfección que, al igual que sus amados autos, lo acelera a fondo para no quedarse “a pie” con ninguna de sus pasiones.










