Marcar la cancha es una expresión coloquial que utilizamos cuando queremos poner límites y establecer reglas claras.
Regreso de caminar por la playa de Sauce Grande y compruebo que el mar le marcó la cancha al balneario, fijó nuevos límites.
Por momentos sentí que caminaba por un lugar desconocido, un paisaje de desierto, un suelo lunar. La furia del Atlántico ensanchó la cancha, cortó a pique médanos y reconfiguró el espacio que compartimos durante los veranos.
En torno a la bajada Aladino, la de la pasarela en alto que quedó al garete, sin piso que la sustente, los médanos parecen cortados a cuchillo, con paredes que superan los tres metros de altura.
El mar no solo marcó la cancha, sino que con una furia poco habitual en estas costas también dejó una clara advertencia que hay que saber escuchar:
¡Después no digan que no les avisé…!










Yo resido desde 1.986, si bien he venido desde que nací, todos los veranos de mi vida, y en los 60, cuando era la hora de marea baja, el mar dejaba no menos de 100 metros de playa. En los 90 hubo otra marejada similar, que recuerdo dejo los tamariscos del frente costero de Ymcamar literalmente colgando, al sacar como un metro y medio de arena en sus raíces, y recuerdo que la Av. Costanera donde se encuentra Residencial D’ Horizont, le llevó la mitad de la calle, así que nada nuevo lo recientemente ocurrido este 2.026. Ocurre que los que peinamos canas, residiendo aquí, hemos tenido la posibilidad de vivir muchas marejadas.