Acostumbro a compartir momentos que disfruto frente al mar durante los veranos. Reflexiones que maduran en las caminatas diarias por la ribera cósmica del Atlántico; capturas con el celular de atardeceres y amaneceres en el mar, que justifican dar mil gracias a la vida, con música y poesía de la entrañable chilena Violeta Parra.
Leo cotidianamente lo que ocurre en el planeta y en el país. Me preocupa y asusta todo lo que pasa, pero trato por todo los medios de que la realidad no eclipse los buenos momentos del minuto de vida que nos toca vivir. Finalmente, uno se adapta a sobrevivir en cualquier condición, por dura que sea.
Siempre recuerdo los días de la guerra en Bosnia, donde los habitantes al borde de la línea de fuego, matizaban la vida entre la vivienda y los refugios. Y en ese infierno trabajaban, se casaban, tenían hijos, festejaban cumpleaños. Era lo que había, la vida continuaba.
Como están las cosas en el planeta, para no confundirnos de guerras, deberíamos tener un fixture de los actuales y próximos conflictos. Los autócratas que gobiernan el mundo los encienden, juegan cada día más cerca del fleje del infierno tan temido del holocausto nuclear.
Con temor escuchamos a diario el próximo anuncio de Trump. La invasión rusa en Ucrania cumple cinco años, la guerra no para, nos acostumbramos, es parte del paisaje. China siempre agazapada esperando el momento de ir por Taiwan. En Irán hay una rebelión popular descomunal contra los ayatolas. La ONU ha dejado de ser el tribunal donde se resuelven los conflictos del planeta. Ahora las superpotencias actúan por la suya, con derecho a aplicar sus propias reglas en el área de influencia. El juego del TEG con la diferencia que las fichas son personas de carne y hueso.
Aquí cerca, la impotencia por los incendios en el sur, la angustia de los vecinos, las miles de hectáreas de bosque arrasados, la sospecha de que alguien los provocó.
Esta realidad genera impotencia y angustia, y sin esconder la cabeza como el avestruz, una receta es refugiarnos en los afectos, la familia, los amigos, y en la naturaleza.
En la legendaria isla de Sicilia, sus habitantes han soportado ocupaciones, guerras y volcanes en erupción con receta y filosofía propia. Se conoce como “Futtitinni” y podría propagandizarse con un slogan que dijera: «aprenda a sobrevivir sin alterarse o preocuparse por asuntos innecesarios o que no puede resolver».
La filosofía Futtitinni es sabiduría práctica desarrollada luego de siglos de adversidades.
Recomienda calma activa, que no es pasividad sino una forma de vivir la vida sabiendo lo que pasa, pero sin dramatismo. Resiliencia para manejar tragedias, decepciones y caídas sin derrumbarse.
Propicia aceptar y entender todo lo que no se puede controlar y soltar lo inevitable que no podemos resolver. Y una última sugerencia muy recomendable: no cargar con culpas innecesarias, liberar peso y vivir con más libertad.
Concluyo con dos consejos que aplico a diario: menos play, más playa, y evitar que la realidad nos arruine una buena vida.






