Monte Hermoso atraviesa una escena que empieza a resultar demasiado conocida. Restos de madera, rampas destruidas, sectores nuevamente afectados y estructuras que habían sido recuperadas después del temporal de mayo otra vez bajo revisión.
Pero todavía no es tiempo de hablar de reconstrucción. Estas primeras horas están dedicadas a retirar restos, ordenar los sectores comprometidos, revisar estructuras y dimensionar los daños. En los paradores, cada concesionario comenzó también su propia evaluación para determinar qué quedó en condiciones, qué deberá repararse y cuáles serán los próximos pasos de cara al verano.
El temporal del lunes encontró además a una costa que todavía no había terminado de recuperarse de la ciclogénesis de mayo. Fernando Vera, secretario de Seguridad, explicó que aquel episodio produjo una fuerte pérdida de arena y redujo la capacidad natural de la playa para amortiguar las marejadas. Confirmó además que no hubo personas afectadas y que los daños fueron materiales.
Ese dato ayuda a entender por qué un fenómeno de menor escala que el de mayo pudo volver a generar consecuencias importantes.
Marcos Fernández, secretario de Obras Públicas, había señalado que el área más comprometida se extendía sobre unos 600 a 800 metros y que muchas de las rampas reconstruidas antes de la Fiesta Nacional de la Primavera habían quedado nuevamente destruidas. También explicó que el agua volvió a alcanzar sectores donde se había trabajado con geotextil y que todavía era necesario esperar el final del fenómeno para conocer el impacto completo.

El segundo será necesariamente más complejo.
La temporada empieza a marcar los tiempos
Septiembre está terminando y el verano ya empieza a condicionar el calendario. La ciudad necesita llegar a diciembre con sus servicios de playa funcionando, con accesos seguros, puestos de guardavidas, paradores operativos y un frente costero preparado para recibir el movimiento turístico.
Pero la cercanía de la temporada no permite todavía anticipar cómo será esa recuperación. En los paradores, la situación no es uniforme. Cada concesionario debe revisar el estado de su estructura, calcular daños y evaluar qué trabajos será necesario realizar. Algunos venían de reparar las consecuencias de mayo. Otros estaban terminando intervenciones y adecuaciones para el verano.
Ahora tendrán que volver a mirar. La pregunta más inmediata es económica y operativa: cuánto daño hubo y cuánto tiempo demandará poner nuevamente cada estructura en condiciones.
Después aparece otra, más difícil: si corresponde reconstruir del mismo modo y en el mismo lugar aquello que el mar acaba de volver a alcanzar. No existe todavía una respuesta general para esa cuestión. Tampoco todos los sectores de la costa presentan las mismas características.
Fernández remarcó precisamente que el análisis debe contemplar las diferencias de cada tramo del frente marítimo y sostuvo que el municipio mantiene contacto con especialistas de la Universidad Nacional del Sur y del Instituto Argentino de Oceanografía para interpretar mejor los fenómenos que están afectando la costa.
Reparar lo indispensable y pensar lo que viene
Hay infraestructura que difícilmente pueda esperar una discusión de largo plazo. Las rampas de acceso, por ejemplo, cumplen una función necesaria para garantizar la llegada a la playa y la accesibilidad. Hernán Arranz había advertido durante el temporal que varias de esas pasarelas volvieron a romperse y recordó que el frente costero permanece debilitado después de la ciclogénesis.
Eso obliga a una reparación relativamente rápida, pero no todo el frente costero puede analizarse bajo la misma lógica. Después del episodio de mayo, Arranz comenzó a plantear públicamente la necesidad de estudiar soluciones de mayor escala para determinados sectores. Entre las alternativas mencionó estructuras rígidas de protección, incluso un murallón de hormigón, aunque hasta ahora no existe una definición técnica ni una obra anunciada para ejecución inmediata.
El problema tiene otra dimensión adicional: los recursos. Vera reconoció que los gastos de reparación recaen sobre el municipio y señaló que el nuevo daño aparece en un contexto económico que deja poco margen. También explicó que este lunes recorrió la ciudad junto al intendente mientras todavía se evaluaba aquello que se había venido preparando para recibir al turismo.
Por eso el interrogante no es solamente qué hacer, sino también cuánto puede sostenerse una sucesión de reparaciones cada vez que el mar vuelve a superar las defensas existentes.
La situación de los paradores
Para los empresarios de playa, estas horas tienen todavía más preguntas que respuestas. La prioridad es evaluar, determinar qué estructura resistió, qué equipamiento se perdió, qué partes pueden recuperarse y qué inversiones serán necesarias para volver a operar.
La temporada condiciona las decisiones, porque el margen de tiempo empieza a reducirse. Sin embargo, cualquier definición sobre cambios importantes en la ubicación, los materiales o el tipo de construcción requiere criterios que exceden a cada concesionario individual.
Allí probablemente aparecerá una de las discusiones que Monte Hermoso tendrá que abordar después de esta nueva marejada: cómo compatibilizar la actividad comercial y turística de la playa con una costa que viene mostrando mayor vulnerabilidad.
No implica necesariamente retirar paradores ni modificar todo el sistema existente. Sí obliga a revisar cuáles son los sectores más expuestos, qué tipo de estructuras pueden resultar más adecuadas y qué condiciones deberán considerarse para futuras intervenciones.









