Los daños que dejaron los temporales de mayo y del 21 de septiembre pasado volvieron a poner en discusión cómo proteger el frente costero montermoseño. Para el doctor Gerardo Perillo, comprender el funcionamiento de la playa es fundamental para elegir las intervenciones: la pérdida de médanos, la ocupación del borde costero y el ascenso del nivel del mar forman parte de un problema que requiere evaluar tanto las obras como sus consecuencias.
Perillo, doctor en Oceanografía, investigador superior del CONICET e integrante del Instituto Argentino de Oceanografía (IADO, CONICET–UNS), explicó que los médanos cumplen una función central en el equilibrio de las playas.
“El médano es el almacén de arena de la playa”, sintetizó durante una entrevista radial en el programa «De Sol a Sol». Su eliminación, aclaró, reduce la reserva de sedimentos que alimenta al sistema y limita su capacidad de recuperación frente a la erosión.
El especialista vinculó esa transformación con el desarrollo de las ciudades costeras y la construcción cerca del mar. También reconoció que, cuando comenzó buena parte de esa urbanización, el conocimiento científico sobre la dinámica de las playas y la importancia de los médanos era mucho más limitado.

Un océano más caliente y temporales más intensos
Al explicar el temporal reciente, Perillo señaló que los ciclones no constituyen un fenómeno nuevo. El factor que destacó es la temperatura del océano sobre el que se desarrollan.
“Estos ciclones siempre pasaron, lo que pasa es que ahora están pasando sobre un océano Atlántico mucho más caliente”, expresó. Según explicó, esa condición favorece una mayor transferencia de energía del mar hacia la atmósfera y puede intensificar los vientos asociados a esos sistemas.
El investigador advirtió sobre la posibilidad de episodios más frecuentes e intensos si continúa el calentamiento oceánico. Su explicación distinguió ese proceso del fenómeno de El Niño, al que no atribuyó el mecanismo descrito para esta ciclogénesis.
Aportar arena para recuperar la playa
Ante la pregunta sobre cómo reducir los daños, Perillo aclaró que no hay una respuesta que resuelva por sí sola el problema.
“No existe una única solución, tampoco ninguna de las soluciones que existen son permanentes”, sostuvo.
Entre las alternativas, destacó la alimentación artificial de la playa, que consiste en incorporar arena para recuperar su ancho y, especialmente, su altura. Explicó que ese material podría obtenerse mediante dragado de sectores del fondo marino y trasladarse hacia la costa mediante un procedimiento de refulado.
Según su descripción, una parte importante de la arena desplazada durante los temporales permanece bajo el agua, en las barras próximas a la costa. Recuperar material de esos sectores es una posibilidad que planteó para recomponer la playa. Aclaró que la propuesta consiste en obtener arena del mar, no de los médanos.

En cambio, manifestó reparos sobre las defensas rígidas, como los murallones y las rocas, por los efectos que pueden producir sobre la erosión. Que una estructura resista durante años, explicó, no implica que conserve la playa que tiene delante.
Evaluar las intervenciones y sus impactos
Consultado sobre los posibles efectos ambientales de un dragado, Perillo sostuvo que las decisiones requieren comparar alternativas y sus consecuencias.
“Tenemos que hacer un balance y decidir dónde, con qué perjudico menos el sistema”, señaló.
En ese análisis incluyó otras intervenciones que afectan el ambiente costero, como la eliminación de médanos para construir y la circulación de vehículos sobre la playa. Advirtió que esas prácticas perjudican la flora y la fauna, incluida la que vive debajo de la arena.
También expresó, como opinión personal, que los paradores deberían ubicarse fuera de la playa, en sectores superiores del frente costero. Vinculó esa posición con su exposición a los temporales y las dificultades para sostener esas instalaciones en los lugares que ocupan.
Un riesgo posible, sin una fecha determinada
Perillo aclaró además el alcance de sus advertencias sobre un eventual ingreso de agua a los edificios del frente marítimo. Señaló que se trata de un riesgo posible y que no está anunciando un episodio inminente ni fijando un plazo.
“No va a suceder mañana, no va a suceder pasado, no sé si en diez años”, expresó, al explicar que esa posibilidad debe considerarse si continúan las prácticas que aumentan la vulnerabilidad costera.
El investigador rechazó la comparación de Monte Hermoso con Epecuén y también con Las Grutas. Sobre esta última, remarcó que se trata de costas con características geológicas diferentes, por lo que no corresponde trasladar directamente un escenario al otro.









