Una tendencia que comenzó con medidas aisladas se convirtió en poco tiempo en una política extendida: cada vez más sistemas educativos restringen los teléfonos celulares, reducen el tiempo frente a las pantallas y recuperan el uso de libros impresos, papel y escritura manual.
Lejos de constituir un regreso nostálgico al pasado, estas decisiones implican un reconocimiento del valor de prácticas educativas tradicionales como la lectura profunda, la escritura a mano, el trabajo con libros impresos, la ejercitación, el razonamiento y la presencia activa del docente.
Países que estuvieron entre los más avanzados en la digitalización de sus aulas comienzan a recuperar esas herramientas al comprobar que la incorporación de tecnología no mejora por sí sola el aprendizaje y que, cuando reemplaza procesos fundamentales, puede afectar la atención, la comprensión y el desarrollo del pensamiento propio.
“Lo viejo funciona” también en la educación
La frase, popularizada por El Eternauta para señalar que algo antiguo puede conservar su utilidad cuando lo moderno falla, sintetiza parte del giro que atraviesa hoy la educación. No se trata de idealizar el pasado, sino de reconocer que ciertos métodos de enseñanza, con experiencias de conocimiento guiadas por el docente, continúan ofreciendo una base difícil de reemplazar.
En sistemas educativos que avanzaron aceleradamente con la digitalización, esas herramientas tradicionales vuelven a ocupar un lugar central.
Las restricciones ya alcanzan al 58% de los países
El Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo de la UNESCO registró en marzo de 2026 que 114 sistemas educativos, equivalentes al 58% de los países, aplicaban alguna prohibición nacional para el uso de teléfonos móviles en las escuelas.
El crecimiento fue acelerado. En junio de 2023, las restricciones alcanzaban al 24% de los países y a comienzos de 2025 llegaban al 40%. En poco menos de tres años, la proporción se incrementó en 34 puntos.
Entre los países que incorporaron recientemente medidas nacionales se encuentran Bolivia, Costa Rica, Croacia, Georgia, Maldivas y Malta. Francia ya impedía el uso de teléfonos en la educación primaria y en los primeros años de la secundaria, mientras que Inglaterra emitió recomendaciones para que las escuelas los retiren durante toda la jornada.

La propia UNESCO advierte que limitar los teléfonos puede reducir las distracciones, pero no reemplaza la necesidad de enseñar alfabetización digital, evaluación crítica de la información y uso responsable de la tecnología.
Los datos sobre distracción en las aulas
Las decisiones no se apoyan solamente en percepciones de docentes y familias. Un análisis de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos basado en las pruebas PISA 2022 encontró que el 30% de los estudiantes declaró distraerse con dispositivos digitales durante todas o la mayoría de las clases de Matemática.
En Argentina, Uruguay y Chile esa proporción superó el 50%, mientras que en Japón y Corea del Sur se ubicó por debajo del 10%.
El mismo relevamiento determinó que quienes utilizaban dispositivos con fines recreativos durante más de una hora dentro de la escuela obtenían, en promedio, más de nueve puntos menos en Matemática que quienes no realizaban ese tipo de actividad durante el horario escolar.
La OCDE presenta estos resultados como asociaciones estadísticas y no como prueba de que los dispositivos sean la única causa del menor rendimiento. El desempeño también está relacionado con factores sociales, familiares, institucionales y pedagógicos.
Suecia vuelve a los libros y al papel
Suecia representa uno de los cambios más significativos porque durante años fue considerada un modelo en la digitalización educativa.
Desde julio de 2024, su legislación garantiza que los estudiantes tengan acceso a libros de texto y otros materiales didácticos. El gobierno destinó 176 millones de coronas suecas en 2024 y 480 millones en 2025 para que jardines y escuelas incorporaran más obras literarias y materiales impresos.
También modificó el programa de educación inicial. Desde julio de 2025, los menores de dos años deben trabajar únicamente con recursos analógicos, como libros, y el uso de herramientas digitales tiene que ser fuertemente limitado entre los demás niños del nivel.
A partir del ciclo lectivo iniciado en el segundo semestre de 2026, las escuelas obligatorias suecas deben recoger los teléfonos al comienzo de la jornada. Para instrumentar la medida, el gobierno presupuestó 95 millones de coronas durante el primer año y proyectó una inversión anual de 100 millones desde 2027.
Además, las evaluaciones nacionales de los primeros años de primaria dejaron de ser digitales y volvieron al papel. El Gobierno de Suecia fundamentó la decisión en investigaciones que señalan beneficios del lápiz, el papel y los libros físicos durante las etapas iniciales del aprendizaje.
Noruega limita la inteligencia artificial según la edad
Noruega dio un paso adicional al establecer recomendaciones nacionales específicas para la inteligencia artificial.
Desde el nuevo ciclo escolar, los estudiantes de primero a séptimo grado —aproximadamente entre los 6 y los 13 años— no deben tener acceso, como regla general, a herramientas de inteligencia artificial para realizar trabajos escolares.
Entre octavo y décimo grado pueden comenzar a utilizarlas de manera gradual y bajo orientación de docentes capacitados. En el nivel secundario superior, en cambio, la política oficial plantea enseñar un uso responsable de la IA como preparación para los estudios posteriores y el trabajo.
La medida no constituye una prohibición absoluta de toda inteligencia artificial ni alcanza por igual a todos los niveles. También contempla excepciones para estudiantes que requieran herramientas basadas en IA por necesidades educativas particulares, enseñanza de idiomas o accesibilidad.
El Gobierno noruego informó que uno de cada cuatro estudiantes del país se encuentra por debajo del nivel mínimo de lectura establecido por la OCDE para continuar estudios o ingresar al mundo laboral. La decisión busca que la incorporación de la IA no reemplace los procesos iniciales de lectura, escritura, cálculo y elaboración de ideas propias.
A diferencia de lo que ocurre con los teléfonos móviles, todavía no existe una ola global de prohibiciones nacionales de la inteligencia artificial. Noruega es el ejemplo más explícito, mientras que otros países, como Australia y el Reino Unido, adoptaron marcos para permitir usos educativos regulados y establecer límites en evaluaciones, protección de datos y autoría de los trabajos.
En Bahía Blanca, esta revisión del lugar que ocupa la tecnología encuentra puntos de coincidencia con la propuesta de la Academia Chesterton. Su modelo de educación clásica humanista plantea recuperar herramientas como la lectura de libros y textos impresos, la escritura, la exposición oral, la lógica, la filosofía y el razonamiento crítico. También incorpora el seminario socrático, basado en preguntas y diálogo guiado. Sin excluir las ciencias, las artes ni los recursos contemporáneos, el enfoque comparte con las nuevas políticas internacionales la prioridad otorgada a la comprensión profunda, la expresión propia y la formación del pensamiento antes de delegar esos procesos en dispositivos o herramientas de inteligencia artificial.
Brasil y la provincia de Buenos Aires ya tienen regulaciones
Brasil sancionó en enero de 2025 una ley federal que prohíbe el uso de teléfonos y otros dispositivos electrónicos personales durante las clases, recreos e intervalos en todas las escuelas públicas y privadas de educación básica.
La norma brasileña permite utilizarlos con fines pedagógicos bajo indicación profesional y establece excepciones por accesibilidad, inclusión, salud, emergencias y ejercicio de derechos fundamentales.
En la provincia de Buenos Aires, la Ley 15.534 reguló el uso de pantallas en las escuelas primarias públicas y privadas. Los dispositivos no pueden utilizarse durante la jornada, salvo que exista un requerimiento o autorización expresa del docente.
La Dirección General de Cultura y Educación bonaerense aclaró que la tecnología puede seguir funcionando como herramienta educativa cuando su utilización esté orientada pedagógicamente. Según el comunicado oficial, la regulación no elimina los recursos digitales, sino que devuelve al docente la decisión sobre cuándo resultan necesarios.
El giro no supone desconocer el mundo digital, sino establecer un orden en el aprendizaje. Antes de recurrir a una pantalla o delegar una respuesta en la inteligencia artificial, el estudiante necesita aprender a leer con profundidad, escribir con claridad, calcular, razonar, sostener la atención y expresar una idea propia. La tecnología puede incorporarse después como herramienta, sin reemplazar esas capacidades fundamentales.
En ese escenario, propuestas como la de la Academia Chesterton de Bahía Blanca dejan de aparecer como una mirada nostálgica o ajena a su tiempo. La recuperación de los libros impresos, la escritura, el diálogo, la exposición oral y el razonamiento crítico se encuentra en sintonía con una discusión educativa que gana espacio en distintos países: cómo aprovechar los avances tecnológicos sin abandonar los métodos que siguen siendo esenciales para aprender a pensar.








