El Atlántico, la playa y el faro, postal eterna que de lejos extrañamos y cuando regresamos es como si nunca nos fuimos.
Mitad de invierno duro y puro, sin embargo pisar la arena remueve aromas y momentos del verano.
El sol y el viento brillan por su ausencia, el mar calmo, las gaviotas infaltables se adueñan del paisaje. En la orilla un pescador atrevido desafía el frío antes que ir a la pescadería.

La vida continúa frente a la inmensidad del Atlántico como si en el mundo nada pasara. El viento y la brisa marina ajustan los instrumentos. En pocos días comenzarán los acordes de primavera.








