Un argentino puede decir «tengo fiaca, mañana me tomo el bondi para ir al laburo y después vemos qué morfamos» sin sentir que está mezclando varios idiomas. Sin embargo, dentro de esa frase aparentemente sencilla conviven palabras procedentes del italiano, el portugués, el inglés, el francés y hasta una antigua voz germánica.
El habla cotidiana conserva esas historias aunque sus hablantes ya no las reconozcan. Las palabras llegaron, cambiaron de sonido o significado y terminaron integrándose con tanta naturalidad que hoy parecen haber nacido en estas tierras.
Muchas forman parte del lunfardo, un vocabulario popular desarrollado en las grandes ciudades del Río de la Plata. Sus primeros testimonios escritos corresponden a la década de 1870, coincidente con el comienzo de la gran inmigración europea que recibió la Argentina.
Con el tiempo dejó de estar asociado únicamente con Buenos Aires y Montevideo. El investigador Oscar Conde lo define como un argot actualmente extendido por toda la Argentina y Uruguay, según una publicación de la Secretaría de Cultura de la Nación.
Bondi, una palabra que cambió de vehículo
En la Argentina, «bondi» es una de las maneras más habituales de llamar al colectivo. Pero la palabra realizó un viaje bastante más largo que cualquiera de sus recorridos urbanos.
Proviene del portugués brasileño bonde, nombre que recibieron los antiguos tranvías de Río de Janeiro. Esa voz portuguesa se relaciona, a su vez, con el inglés bond, palabra que aparecía impresa en los billetes utilizados por las primeras compañías de transporte.
El Diccionario histórico de la lengua española explica que originalmente «bondi» designaba al tranvía. Los primeros registros rioplatenses corresponden a comienzos del siglo XX, cuando ese medio de transporte todavía circulaba por Buenos Aires y Montevideo.
La palabra quedó sin vehículo cuando desaparecieron los tranvías, pero no salió de circulación. Décadas después reapareció para nombrar al colectivo y, más tarde, también a los micros utilizados para viajes de mayor distancia.
El Diccionario de americanismos conserva los dos significados: registra «bondi» como autobús y señala como obsoleta su antigua acepción de tranvía.
De esta manera, una palabra inglesa impresa en un boleto pasó al portugués, cruzó el Río de la Plata y terminó subiendo a los colectivos argentinos.
Laburo, la herencia italiana del trabajo
Pocas palabras reflejan con tanta claridad la influencia italiana como «laburo». Se usa para nombrar el trabajo, mientras que «laburar» significa trabajar.
El Diccionario de la lengua española señala que procede de las formas dialectales italianas lavuro o lavuru. En la Argentina y Uruguay designa, de manera coloquial, una ocupación remunerada.
Su recorrido permite comprender cómo funcionó una parte del lunfardo. Los inmigrantes llevaron sus idiomas y dialectos a los talleres, puertos, fábricas, mercados y conventillos. Algunas palabras quedaron limitadas a las comunidades que las habían traído; otras comenzaron a ser utilizadas por vecinos de diferentes procedencias.
«Laburo» perteneció a este segundo grupo. Se integró al español rioplatense, formó el verbo «laburar» y generó palabras derivadas como «laburante».
Lo que alguna vez pudo sonar extranjero dejó de percibirse como un préstamo. En la actualidad puede escucharse en una conversación familiar, una canción, una película o un discurso público.
Fiaca, cuando faltan las ganas
La influencia italiana también aparece cuando alguien tiene pocas ganas de levantarse, trabajar o realizar una tarea. En esos casos, probablemente diga que tiene «fiaca».
La palabra procede del italiano fiacca. El Diccionario de americanismos la registra con el significado de pereza o desgana y también permite utilizarla para describir a una persona perezosa o desanimada.
En la Argentina funciona principalmente como sustantivo: se tiene fiaca, da fiaca o algo provoca fiaca. Sin embargo, el diccionario académico también reconoce su empleo como adjetivo y sustantivo aplicado a una persona perezosa, indolente o desganada.
La misma palabra demuestra que los significados pueden cambiar al atravesar una frontera. En Uruguay, «fiaca» también se utiliza para referirse a un hambre intensa, una acepción diferente de la más extendida en nuestro país.
Morfar, del francés a la mesa argentina
«Morfar» parece una creación típicamente argentina, pero su historia comienza en Europa. Llegó desde el francés morfer, que significaba comer con voracidad.
El recorrido es todavía más antiguo. Según la etimología registrada por la RAE, la voz francesa procede del alto alemán medio murfen, cuyo significado era «roer».
Al incorporarse al habla rioplatense perdió parte de aquella intensidad. En la Argentina y Uruguay, morfar no significa necesariamente comer de manera desesperada o abundante: puede utilizarse sencillamente como sinónimo coloquial de comer.
De allí también surgió «morfi» para referirse a la comida. La palabra aparece en tangos, canciones, obras literarias y conversaciones cotidianas, muchas veces sin que quienes la pronuncian sospechen su pasado francés y germánico.
El bondi, el laburo, la fiaca y el morfi parecen pertenecer desde siempre al paisaje argentino. En realidad, son palabras viajeras que encontraron aquí nuevos sonidos y significados. Su historia muestra que una lengua no solamente se conserva en los diccionarios: también se transforma en los colectivos, los trabajos, las mesas y las conversaciones de todos los días.








