Sus palabras transmiten seguridad y en el escritorio de su oficina lo espera un montón de carpetas apiladas para “control y firma”, tal como asegura Fernando Raúl Vera, actual secretario de Seguridad Ciudadana del municipio montermoseño.
Nos encontramos después de mucho tiempo y, más allá de mezclar el fútbol cFon los placeres de vivir «en un lugar de encanto” y con un trabajo que lo apasiona, el “sheriff”, como lo suelo llamar cariñosamente —que no es tan serio como parece— aceptó el desafío de cumplir con una nota sin tantos protocolos y con menos “estructuras” que las que diariamente suele realizar.
—Por donde quieras —me respondió mientras intentaba calcular la temperatura de la pava eléctrica, que se encontraba en modo “mate” y él la quería pasar a “café”.
Consideré que su presentación y su notable currículum era el prefacio perfecto para romper el hielo y poder disminuir la tensión del entrevistado.
Fernando nació el 30 de diciembre de 1975 en Bahía Blanca, cursó sus estudios primarios en la Escuela N° 63 y el secundario en el Colegio Nacional 1 de calle Sarmiento.
Con la idea fija de lo que pretendía “ser”, ingresó a la Escuela de Oficiales Juan Vucetich de La Plata, recibiéndose de oficial de policía en 1996.
Su primer destino fue la Comisaría Segunda del centro bahiense, después la DDI (jefe de Grupo Operatorio) y de ahí al Centro de Entrenamiento Policial, donde se mantuvo como director durante 10 años.
En ese mismo año asumió como comisario y en 2019 se transformó en comisario inspector de la Jefatura de Policía Comunal de Monte Hermoso.
—Llegaste a Monte antes de la pandemia y no te fuiste nunca más.
—El último cargo lo mantuve hasta 2024, cuando me retiré como policía. Y en diciembre de ese año asumí el rol de secretario de Seguridad Ciudadana, destino al que llegué por el ofrecimiento que me hizo el intendente Hernán Arranz, quien se interesó para que yo sea parte de su gabinete.
“La decisión no fue fácil, aunque mi entorno ayudó, mi familia empujó y los recuerdos de mi infancia, esas inolvidables vacaciones en Monte, inclinaron la balanza para que dé un ‘sí’ cargado de innumerables sentimientos”.

Y siguió:
“Monte no es cualquier lugar, acá pasé gratísimos momentos como niño, adolescente y adulto. Nunca dejé de venir y siempre imaginé que algún día podía venir a trabajar y, si era posible, quedarme a vivir”.
—¿En serio?
—La elección estuvo respaldada en dos aspectos esenciales: mejorar la calidad de vida y poder desarrollarme para lo que me formé vocacional y profesionalmente. Si bien durante 29 años fui parte de la institución policial, una decisión que tomé con orgullo, este paso actual lo di con un compromiso total y un enorme sentido de pertenencia. Más allá del trabajo, ya decidí que voy a pasar el resto de mi vida en esta ciudad.
“Monte me fascina, conozco cada uno de sus recovecos y sé el movimiento que tiene, en temporada y fuera de ella”.
—¿Qué costumbres, personales y laborales, tuviste que cambiar para poder quedarte a residir en Monte?
—Fue un gran desafío modificar ciertas culturas laborales, aunque en base a mi experiencia pude llevar adelante una carrera ascendente mientras imaginaba cómo era quedarse a vivir acá. Me retiré como comisario con la idea de continuar ligado a Monte de alguna manera.

“En los feriados largos, cuando veníamos a Monte en familia, me sentaba con la reposera frente al mar y repetía: ‘El día de mañana, cuando ya esté jubilado o pertenezca a la tercera edad (risas), quiero venir a vivir acá’. Y se dio”.
—Y bastante tiempo antes.
—Sí, ¿y sabés qué es lo que más feliz me hace? Que mi familia me acompañó. Todos nos mudamos a Monte y atravesamos un prestigioso momento como grupo familiar. Acá recuperé calidad de vida, los tiempos me dan para cumplir con mi agenda diaria y respiro mejor, porque no sé si sabías que soy asmático.
—Ja, ja… Ni enterado.
—No ando a las corridas y socialicé con un montón de gente que me abrió las puertas de su casa sin conocerme profundamente. Me recibieron en los grupos y en las peñas, que no es poca cosa.

—Ja, ja… No, cambié el fútbol por el pádel y la pelota a paleta. Me gusta el deporte y juego a todo, en algunos me defiendo y en otros, como en el golf, soy paupérrimo.
—¿No le sabés pegar a la pelotita?
—Sí, pero la tiro para cualquier lado, hago un montón de golpes para llegar al hoyo y en las listas de clasificación siempre ocupo el último lugar. Soy bueno al tejo y al vóley, aunque a todo le pongo garra y corazón.
“No hace mucho me obsesioné con los grupos de atletismo, corría muchos kilómetros por día, pero me había puesto muy fino físicamente y cuando iba a jugar al fútbol me daba cuenta de que estaba más rápido de los pies que de la cabeza. Soy central y meto como loco, pero me pasaba que había perdido el timing con la pelota”.
“Muchos amigos de Bahía me preguntan, a veces en forma recriminatoria: ‘¿Qué hacés en Monte fuera de temporada?’. Ufff, un montón de actividades, una de ellas vivir sin tener que correr de un lado para el otro cumpliendo trámites o trabajando hasta cualquier hora sin poder disfrutar de lo que, en ese momento, está pasando por tu lado y que se llama vida”.
—Buen mensaje.
—Acá te valorás a vos mismo, modificás tus prioridades y podés evaluar qué hacer primero y qué después, porque la ciudad te lo permite y los tiempos te dan. Calidad de vida no es lo material, no es correr detrás de la zanahoria para satisfacer metas u objetivos a largo plazo a los que, tal vez, no llegues nunca. Al contrario, hay otros caminos para que puedas gozar de momentos inmediatos y placenteros sin necesidad de estar pensando en tener más de lo que ya lograste.
“Lo material es importante, no digo que no, pero un día me hice una pregunta: ‘¿Laburé tanto para esto?’. Hoy considero que existen momentos que, al menos yo, no los cambio por nada y no necesito ni un peso para comprarlos”.
—¿Por ejemplo?
—Un día feo climáticamente hablando, tomar mate frente al mar o contemplar el amanecer o el famoso atardecer montermoseño. Mojarte los pies en el agua en pleno invierno o pasear al perro por la playa. Hay alternativas, solo hay que buscarlas y descubrirlas.
Antes de continuar, Fernando le agradeció a su equipo de trabajo y en especial a Gabriela Díaz Mels, amiga, compañera y su mano derecha al momento de armar la estructura de oficinas que actualmente ocupa la secretaría de Seguridad.
“Vigilante” y orgulloso
Sonríe cuando le pregunto si, en alguno de los paseos que suele dar fuera de horario laboral, para el lado de Las Dunas o Sauce Grande, es un poco “vigilante”.
—¿Lo sos?
—Yyy… Es un gen muy marcado en mi personalidad. Tengo un solo hermano (Fabián), comisario retirado en capital; mi viejo fue comisario (y mi abuelo y mi bisabuelo, también). Si un fin de semana estoy en mi casa y vienen amigos a visitarme, los subo a la camioneta y salimos a recorrer. Se sorprenden con callecitas internas sin salida, médanos interminables y sectores alejados del centro donde hay una vivienda en una sola manzana. Son solo escenarios que se pueden dar en Monte.
“Siempre hay algo nuevo desde la mirada de la seguridad, vigilantear, por si lo querés llamar así, porque lo admito y me gusta hacerlo; tengo el tiempo y las ganas. Y me ha dado buenos resultados. Es muy importante recorrer el otro Monte, el que los turistas y, a veces, nosotros mismos no solemos frecuentar. Te digo, hay lugares que valen la pena visitar”.
—¿Y qué es lo que ves o en qué te detenés?
—Más allá de las construcciones nuevas, un rubro permanente en Monte, para el lado del Sauce existen caminitos y senderos que nacen en una arboleda, donde solo pasa un auto y que terminan en dos o tres casas, no más.
“Nunca dejo de lado el ojo clínico de la seguridad, aunque un exceso de preocupación en este tema se puede convertir en un defecto insalvable. Siempre es mejor la prevención, por eso miro los patios de las casas cerradas, si hay alguna cara rara dando vueltas, de esas que no conozco y que puede llegar a no estar identificada”.
“El crecimiento exponencial de la ciudad atrajo a gente nueva, y si no es de acá te das cuenta enseguida. Aunque hay que saber diferenciar: que sea nuevo en Monte no significa que sea un delincuente”.
—Claro.
—Muchos salen a caminar y miran las casas, pero una cosa es reconocer al curioso que aprecia lo lindo y otra muy distinta al que pretende vulnerar la seguridad.
“Si veo a algún desconocido, pregunto quién es y dónde para. A su vez le suelo hacer un seguimiento con las cámaras, junto a los operadores de turno del monitoreo, para determinar movimientos individuales y en grupo. Se consolidó una importante red preventiva en base a rondines de Guardia Urbana y policía”.
—Veo que te manejás sin horarios fijos.
—Después de estar en la oficina llega el momento de vivir, aunque con mi equipo estamos conectados permanentemente. Monte te permite personalizar, hablar cara a cara, estar en sintonía con la gente, y para eso no hay reloj. Más allá del tiempo, cuando te dedicás con pasión y te encanta lo que hacés, no te reprochás nada.
—¿Es cierto que cada obrero de la construcción está debidamente identificado en una base de datos que maneja la secretaría?
—Sí, y es un trabajo conjunto con policía recorrer las obras, ver quiénes están trabajando y anotar en una planilla sus datos personales, más foto; si es de Monte o dónde está parando si solo vino a cumplir tareas temporales. No hacemos un control de fiscalización de obra, solo nos interesa cuánta gente de otros lares es contratada para mano de obra en nuestra ciudad.
“Más del 50 por ciento son albañiles foráneos, aunque sabemos en qué radio y en qué zona están, más allá de la existencia de obras privadas de las que por ahí te enterás recién cuando empiezan los primeros movimientos de suelo o edificación”.
“El que solo quiere venir a delinquir, que sepa que Monte es un lugar donde nos movemos, preguntamos y estamos encima de esa persona que suele venir de afuera. Este no es un sitio fácil para el que llega o se instala con las peores intenciones”.
—Me quedé pensando en las obras, que se hacen fuera de temporada, cuando las casas están vacías y en Monte disminuye notablemente el movimiento.
—Tienen esa particularidad, sobre todo ahora que se está construyendo en lugares de poca población o en descampados donde solo se levanta una casa en el medio de la nada. Todo esto no implica que haya obreros emparentados con el delito, pero existen datos estadísticos que reflejan que ciertos arrebatos contra la propiedad vienen por datos aportados de alguien que trabaja o pasó por alguna obra en construcción. En ese tema trabajamos mano a mano con la policía y estamos al pie del cañón para que no se nos escape ningún detalle.
—¿Qué te preocupa de la seguridad en Monte?
—Me preocupa todo lo que no podemos hacer por no estar a nuestro alcance. Me refiero a cuando se judicializa un hecho, cuando alguien que cometió un delito queda a disposición de la justicia, después de haber sido aprehendido por el buen accionar policial, pero no recibe pena y lo tenemos otra vez en la calle.
Y aclaró:
“No es culpa de nadie, no hay responsabilidades objetivas; es así la ley pese a que son delincuentes que, y lo sabemos, en cualquier momento se convierten en reincidentes”.
“La mayoría de las veces, desde este lugar, sabemos quién convive con el delito, si pasó por alguna unidad carcelaria y si está de vuelta en el mismo lugar formando parte del circuito delictivo”.
“En muchas ocasiones la investigación lleva tiempo, por eso creamos herramientas como para facilitar los esclarecimientos. Uno de ellos, el monitoreo, porque a mayor cantidad de cámaras mejor resolución encontrás a la hora de prevenir o investigar”.
—Aunque estén sueltos o entren y salgan, ¿los tienen controlados?
—Es lo que tratamos armando anillos de seguridad que llamamos amplificaciones, siempre en base al mapa de sectores con mayor y menor vulnerabilidad. El comisario inspector Claudio Cardozo asumió como titular de la Policía Comunal y con él estamos en constante diálogo y permanente colaboración.
Un tema que históricamente preocupó a quienes tienen casa de veraneo en Monte, las cuales están más de la mitad del año cerradas, son los robos, hurtos y usurpaciones.
“Hablemos de la percepción y de las consecuencias. ‘Che, no se escucha nada sobre robos o conflictos vecinales’. Esa es una consecuencia de que algo bien se está haciendo. Hay datos estadísticos que indican que la cantidad de delitos ha bajado considerablemente, y eso es una tranquilidad enorme”.
“No existe el delito cero, pero hoy vivir en Monte es muy seguro”.
“Afortunadamente existe un solo ingreso y egreso a la ciudad, lo que facilita nuestra tarea, además de controles fuertes en las rutas y seguimientos personales de 24 horas cuando detectamos un hecho sospechoso”.
Sin cabos sueltos
“El municipio adquirió móviles nuevos para policía y Guardia Urbana, sumando presencia a lo largo y a lo ancho de la ciudad”.
En temporada estival, contando el Operativo Sol, cerca de 100 efectivos cumplen funciones en Monte, cantidad que disminuye en los otros meses del año.
“Después del verano, quedan ocho efectivos por guardia para toda la ciudad, sin contar el nuevo destacamento del Sauce, con un móvil policial y Guardia Urbana permanente, que facilita un montón las tareas del día a día”.
—¿Cuántas cámaras hay en Monte?
—Son 147 y ahora agregaremos otras diez. Igualmente, la capacitación para los operadores es permanente, porque no cualquiera se puede sentar frente a un monitor y contar o explicar lo que está viendo.
“En verano tuvimos 30 inspectores de playa, porque son muchos los llamados por autos que circulan en contramano, bloqueos de calles, obstrucciones de garajes y vehículos estacionados en lugares prohibidos en plena costanera. Son situaciones de todos los días, y más los fines de semana, donde ingresa un promedio de 120.000 personas entre sábado y domingo. Hay que planificar y estar preparados”.
“Fuera de temporada disminuye la cifra de inspectores de tránsito en un 90 por ciento, cantidad que destinamos a Guardia Urbana. La gente es la misma, solo que entre el verano y el resto del año administramos los recursos. El movimiento de nuestra gente depende del que exista en la ciudad. Sí hay mayores controles, de alcoholemia sobre todo, en horarios nocturnos y cuando detectamos que hay un evento masivo o una fiesta”.
—¿De qué se encarga específicamente la Secretaría de Seguridad?
—Manejamos varias áreas, entre ellas tránsito, Guardia Urbana y guardavidas, que llegan a ser 110 en temporada, un número que se extendió al agrandarse la zona exclusiva de baño, sobre todo en Villa Caballero y en Sauce Grande.
“También tenemos a cargo los inspectores de playa, la fiscalización nocturna, que no haya ruidos molestos ni desorden social en los sectores más concurridos, y las áreas de monitoreo y Protección Civil, creada el año pasado y vinculada a tareas preventivas y a respuestas de emergencia”.
“A su vez, el área de atención de conflictos ciudadanos, sector muy sensible porque son problemas entre vecinos que no encuadran en la figura de delito”.
“También está transporte: taxis, combis, micros y administración de legajos. Ahora pretendemos potenciar esa área a través de una aplicación web para uso masivo, que sea todo más sencillo para pedir o consultar por cualquiera de esos servicios”.
Mientras transcurre la charla, asegura que, debido a los recursos y los exhaustivos controles en la playa y en la ciudad, es más sencillo trabajar en temporada que fuera de ella.
“Las responsabilidades no caen tanto en mí y estamos todos en funciones. En cambio ahora se mete alguien al mar y no lo ve nadie, más allá de que hay guardavidas que durante el año trabajan para Protección Civil. Además, en verano las casas están ocupadas, hay luces encendidas, y cuando doy vueltas prefiero ver gente a no ver nada. No es lo mismo Monte en movimiento que Monte sin nadie en las calles”.
“Aunque el delito vaya de la mano con la expansión de la ciudad, hay que confiar, sobre todo porque estamos encima y sabemos qué es lo que tenemos que hacer. Al vecino solo le pedimos una colaboración, que al menos tome las mínimas medidas de seguridad y deje de creer en el ‘a mí nunca me va a pasar’. Para eso, la comunicación, saber a quién llamar, es indispensable”.
—Entonces, ¿Monte está más seguro que nunca?
—Sí, porque contamos con un buen grupo de trabajo y un teléfono (483111) que te deriva al área respectiva ante cualquier problema o necesidad. Estamos atentos a las críticas, pero no tengo dudas de que hacemos lo mejor que podemos; al menos los resultados están a la vista.
“El delito, en mayor o menor medida, siempre va a estar, pero existe la percepción de la persona, la sensación, y si lo que percibe es bueno para sentirse seguro, lo que pregonamos va por buen camino”.
—¿En Monte sos feliz?
—Inmensamente feliz. Es el lugar donde quería estar, donde vivo y donde me quedaré para siempre. Haberlo logrado me hace sentir pleno por dentro.










