El 6 de octubre de 1974 se registró la mayor goleada de la historia en el fútbol de AFA de Primera División. Ese día, por la fecha 12 del Torneo Nacional, Banfield vapuleó 13-1 a Puerto Comercial, el único representante de la Liga del Sur que participó de esa competencia.
El gol del conjunto de Ingeniero White, a los 11 minutos del segundo tiempo y cuando el marcador ya era irremontable, lo marcó Mario Domingo Rachi, un volante que había llegado desde Boca Juniors para reforzar al equipo verdiamarillo y que se terminó quedando a vivir en Bahía Blanca porque, además, le tocó cumplir con el Servicio Militar Obligatorio en Puerto Belgrano.
Y ese gol desató una historia siempre comentada en los recitales de una popular banda argentina de rock, cuarteto y ska.

“Mientras jugaba al fútbol hice de todo un poco. Trabajé como contratado en lo que era Gas del Estado, después puse una ferretería y en 1990 compré una combi para realizar viajes especiales y privados de corta y media distancia”, adelantó el por ese entonces barbudo retacón (pero extremadamente traccionador por el carril izquierdo) que nació el 24 de abril de 1954 en la localidad bonaerense de Adrogué.
“Me hacés retroceder bastante en el tiempo y me invade la nostalgia al tener que recordar lo que hice a los 20 años, cuando tomé la compleja decisión de no regresar nunca más a Buenos Aires. En Boca estuve de los 12 a los 20, y como tenía que firmar contrato profesional, me cedieron a préstamo —sin cargo y sin opción de compra— a Comercial”, especificó el famoso “Marito”, con 471 partidos en el fútbol de la Liga del Sur luciendo las casacas de Comercial, Olimpo, Sansinena, Tiro, Liniers y Pacífico.

“La habilitación municipal la tengo desde 1986, aunque debo reconocer que el nombre surgió unos años después. Al principio hicimos hincapié en viajes y turismo y hoy le brindamos un servicio particular al Consorcio del Puerto y a distintas empresas del Polo Petroquímico”, contó.
Aunque antes de referirse a la felicidad y a la activa vida social que encontró en Monte Hermoso miró a Nancy Corinaldesi, su esposa desde hace 46 años, para no equivocarse con las fechas ni con las cuentas mentales mientras sumaba y restaba con los dedos de ambas manos.
“Nos pusimos de novios en 1975 y nos casamos cuatro años más tarde”, recordó Mario, nombrando de corrido a los cuatro hijos del matrimonio: Sebastián, Luciana, Natalia y Juani; además de sus seis nietos: Joaquín, Santino, Martina, Francesco, Giovana y Alessio.
“Joaquín y Santino juegan al fútbol y Francesco y Giovana practican básquet, por supuesto en Comercial”, acotó la abuela.

“Me retiré de la Liga del Sur en 1989 y me fui a jugar tres años a la Liga de Coronel Dorrego, a Progreso de El Perdido, y te puedo asegurar que fue la etapa más hermosa de mi carrera como futbolista”.
—¿Sí?
—Fui a un pueblo con gente maravillosa, que te abría la puerta de sus hogares y te hacían sentir un familiar más. Te esperaban ansiosos y cuando terminaban los partidos te llamaban porque el asado estaba listo. Momentos inolvidables, con buenos compañeros y un club donde era todo a pulmón.
—Como ahora.
—Sí, pero la actualidad de Progreso no es muy buena, aunque hace varios años que no voy a la cancha. Ya me voy a acercar.
—Vuelvo a la combi, ¿te acordás cuál fue el primer viaje que hiciste como chofer?
—Te lo voy a contar, pero espero que no te rías. Fue a Sierra de la Ventana, un sábado a la noche, a llevar a un grupo de amigas que iban a jugar al casino.
Esas idas y vueltas se hicieron costumbre por un tiempo, aunque nunca descuidaron la otra parte de la empresa, la que crecía con viajes de grupos escolares, instituciones deportivas, entidades gubernamentales y profesionales que concurrían a distintos congresos.
“No pasó demasiado para que surja el primer contrato garantizado, el de la empresa Cargill, lo que me abrió el camino con otras compañías industriales del Polo Petroquímico. Esto es como todo, si sos seguro y confiable, te contratan, y si el buen servicio viaja de boca en boca es porque te recomiendan”.
—Te cito un ejemplo: te llaman para hacer un viaje de 12 personas a Misiones, ¿lo cerrás?
—Sí, porque tenemos unidades habilitadas para viajes provinciales y nacionales, que son exclusivas para turismo. La empresa es bahiense pero la base operativa se encuentra en Ingeniero White.
“Contamos con ocho combis y dos autos que operan solo como remises VIP para empresas que nos contratan por tiempo indeterminado”.
—¿Cuántas veces por semana viajás a Bahía?
—Poco. Estoy jubilado y, por más que siga siendo el titular de la empresa, le delegué todo a mi hijo Juani. Solo voy a Bahía si hay que firmar algo o cerrar algún negocio, pero no estoy activo laboralmente y tampoco me meto en el núcleo de la firma.
Destino final: el Sauce
“Hace 11 años que tengo la casa en el Sauce, la que construimos con un amigo. Al principio venía solo los fines de semana, después la estadía se extendía de viernes a martes, hasta que llegó la pandemia y no me animé a seguir viajando, por lo que decidí quedarme acá. En ese momento, encerrado y yendo a caminar a la playa de vez en cuando, empecé a disfrutar y me di cuenta de que iba a ser mi lugar para siempre”.
“Pensé que Nancy era la que no se iba a adaptar, la verdad no le tenía fe, pero ahora se convirtió en una montermoseña más y si viaja a Bahía es solo para acompañarme”.
“Mientras estábamos encerrados a causa del Covid-19, nuestro hijo Juani se volvió de Tailandia, donde deambulaba como mochilero, para estar en el casamiento de su cuñada. Después quedó embarazada Leti, su esposa, y como se iba a quedar en Bahía, resolvimos que él se haga cargo de la empresa”.
“Acá camino mucho, voy de compras sin hacer colas ni que nadie me apure y a los 72 años me muevo como un pibe de 20”, bromeó.
“Hago natación, juego al pádel y ahora me copé con el newcom”.
“En Monte la vida social es amplia y no te aburrís nunca. No sé si como más asados que antes, pero soy parte de diversos grupos (‘Envido y Truco’, ‘Viva la Vida’ y ‘Mus 2025’) y es necesario anotar y revisar la agenda todas las mañanas para poder cumplir con todos. Acá está muy desarrollado el sentido de compartir, de las juntadas, y ese es el mejor remedio para mantenernos activos y con buena salud”.
—¿Estás alejado del fútbol?
—Por desgracia, sí. El tiempo pasa para todos y, aunque me muero de ganas por patear una pelota y correr dentro de una cancha, la rodilla me lo impide.
—¿Y como DT?
—No, nunca me llamó la atención. Ni siquiera en otro deporte, porque el equipo femenino de newcom me ofreció asumir como técnico y les dije que no. Soy fan de Messi, hincha de Boca y solo voy a ver a Comercial cuando juega mi nieto Joaquín.

—Atlético, pero por el simple hecho de que conozco más gente identificada con ese club. Quiero que les vaya bien a los dos.
—En Monte, ¿invierno o verano?
—Me gusta más el invierno; existen un montón de actividades para disfrutar, en lo deportivo, en lo social y en lo cultural. Estoy chocho en Monte.
—Con tanto frío, ¿vas a la playa?
—Si no hay viento y no hace una temperatura polar, agarro la reposera y bajo a tomar unos mates.
“A veces me preguntan si me molesta que Monte explote en verano y haya gente por todos lados, pero en el Sauce todavía existe cierta tranquilidad. Fuera de temporada, todos los jueves voy a comer a un restaurante que está sobre la playa, La Estación, y el dueño ya sabe que en verano pego el faltazo”.
—¿Podrías definir al montermoseño?
—Atento y servicial. Estoy muy conforme de estar viviendo acá. Los lugareños defienden mucho a Monte, son tremendamente localistas y su carta de presentación fuera de la ciudad es: “Vengo de la mejor playa argentina”.
—¿Conocen tu historia, saben quién sos?
—Algunos sí, pero nunca hago alarde de lo que fui como futbolista. A veces me llama la atención la cantidad de gente que me conoce o que me saluda por la calle.
“Nunca me sentí importante en el fútbol, pero aparentemente algunos me llegaron a valorar más de lo que lo llegué a hacer yo”.
—Si un amigo de White o Bahía te dice que se quiere ir a vivir a Monte, ¿qué consejo le das?
—Que tomará una gran decisión, sobre todo si lo que pretende es paz y tranquilidad.
“¿Sabés qué disfruto en el Sauce? Salir a buscar leña, comer con amigos y tener tiempo para mí. Si voy a una fiesta no tomo alcohol y, cuando salgo, en cinco minutos estoy en casa otra vez”.
—¿Qué pasó con la barba?
—Cuando estaba en la colimba sufría con tener que afeitarme todos los días, por eso cuando salí me dejé la barba y la mantuve hasta los 50 años. El día que llegué al medio siglo me la saqué con mis cuatro hijos de testigos.
—¿Alguna promesa?
—No, un cambio de look. Hoy muchos no me conocen sin barba y es un problema, pero bueno, nada en esta vida es para siempre.









