La industria argentina del bioetanol se encamina a cerrar 2026 con cifras récord y con una creciente incidencia sobre la demanda interna de maíz. Las estimaciones para este año indican que las plantas que utilizan el cereal como materia prima procesarán alrededor de 1,92 millones de toneladas.
La cifra representa un incremento respecto de los dos años anteriores, cuando el consumo destinado a esta industria había sido estimado en 1,83 y 1,75 millones de toneladas, respectivamente.
El crecimiento se produce en un escenario en el que los biocombustibles ganaron protagonismo como alternativa para reducir la dependencia de los combustibles fósiles y amortiguar el impacto de las fuertes variaciones internacionales del petróleo.
Una producción que también alcanzaría un máximo
Las proyecciones indican que la producción argentina de bioetanol podría llegar este año a unos 1.350 millones de litros, lo que constituiría un nuevo récord para la actividad.
A su vez, el consumo interno se ubicaría cerca de los 1.280 millones de litros, aproximadamente un 8,5% por encima del registrado durante 2025.
Dentro de ese volumen, unos 730 millones de litros corresponderían al bioetanol elaborado con maíz, mientras que alrededor de 550 millones tendrían como origen la caña de azúcar.
El crecimiento encuentra además respaldo en los cambios introducidos en el esquema nacional de biocombustibles. Aunque la mezcla obligatoria de bioetanol con las naftas continúa en el 12%, actualmente existe la posibilidad de elevar voluntariamente esa participación hasta el 15%.
La Bolsa de Comercio de Rosario ha señalado que una mayor utilización de esa alternativa podría generar una demanda adicional de maíz para la producción de etanol y favorecer nuevas inversiones en el sector.
Del combustible a la alimentación animal
La transformación del maíz en bioetanol genera además importantes volúmenes de subproductos que regresan a la cadena agropecuaria.
Uno de ellos es la burlanda, utilizada fundamentalmente en alimentación animal por su contenido energético y proteico. Para este año se proyecta una producción cercana a las 600.000 toneladas de burlanda seca, conocida internacionalmente como DDGS.
Las plantas comercializan también burlanda húmeda, destinada principalmente a tambos y establecimientos de engorde a corral, mientras que el producto seco tiene una utilización extendida en las producciones avícola y porcina.
De esta manera, una parte del cereal que ingresa al proceso industrial termina nuevamente incorporándose a diferentes cadenas productivas como alimento para animales.
Una industria con margen para seguir creciendo
El desarrollo del bioetanol agrega valor al maíz dentro del país y permite sustituir parcialmente combustibles de origen fósil. Argentina cuenta además con una importante disponibilidad del cereal, por lo que distintos análisis del sector señalan que todavía existe margen para profundizar su industrialización.
La producción está especialmente concentrada en Córdoba, principal polo nacional del bioetanol elaborado con maíz, aunque también existen establecimientos en otras provincias.
El escenario energético internacional y la posibilidad de aumentar la proporción de biocombustibles en las naftas vuelven así a poner al maíz en el centro de una actividad que vincula directamente producción agropecuaria, industria y energía.








